La primera reforma fiscal de la 4T
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La primera reforma fiscal de la 4T

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La primera reforma fiscal de la 4T

22/06/2020

El autor es Senador de la República

El tema del Estado de bienestar remite necesariamente a la cuestión fiscal. Sin ingresos tributarios constantes y crecientes, no hay progresividad de derechos sociales que sea posible.

El endeudamiento, la venta de petróleo o la enajenación de bienes públicos pueden proporcionar recursos, pero de manera efímera. Sólo los recursos fiscales se acompañan de seguridad, tanto jurídica como financiera.

Por eso, cuando se habla de construir un Estado de bienestar se habla de reforma fiscal. O tal vez, de reformas fiscales.

Si miramos a los países escandinavos, los más avanzados en materia de Estado de bienestar, veremos la importancia de la cuestión fiscal o tributaria. En Dinamarca, la carga tributaria representa el 48 por ciento del Producto Interno Bruto; en Suecia, el 47; en Noruega, el 43; y en Finlandia, el 43 por ciento también. En los países del mundo anglosajón, la carga tributaria en porcentaje del PIB es la siguiente: Gran Bretaña, 36 por ciento; Nueva Zelanda, 35; Canadá, 33; Australia, 29; y Estados Unidos, 27 por ciento. Entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el promedio de recaudación tributaria es el 34 por ciento del PIB. En México, la recaudación tributaria apenas representa un 16 por ciento del PIB. ¡Es bajísima!

Algunos piensan que esto se debe a que las tasas impositivas son bajas y otros consideran que es debido a que hay sectores que no cumplen con sus obligaciones fiscales.

Las dos cosas son ciertas, pero para empezar la segunda.

Esto se puede probar con el siguiente contraste. En Estados Unidos la tasa más alta del Impuesto Sobre la Renta (ISR) es de 37 por ciento para personas físicas y 21 para personas morales; y el porcentaje de la recaudación en términos del PIB es de 27 por ciento. En México, la tasa más alta del ISR es del 30 por ciento para personas morales y del 35 para personas físicas, pero la recaudación es de sólo el 16 por ciento del PIB. En otras palabras: Estados Unidos tiene tasas impositivas más bajas, pero una recaudación más alta que México.

Es cierto que la tasa del ISR en México no es tan alta y que es poco progresiva hacia arriba. Para 2012, en Japón la tasa más alta de ISR a personas físicas era 50 por ciento; en Alemania, 45; en Australia, 45; en España, 43; en Francia, 40; en Chile, 40; y en Gran Bretaña, 40 por ciento.

Sin embargo, antes de subir las tasas impositivas, es necesario que se paguen las existentes. Desde diversos ámbitos, especialmente académicos y en menor medida políticos, se demanda un aumento en las tasas del ISR. No obstante, si esto sucediera hoy, en realidad aumentaría la aportación fiscal de las clases medias, pero no necesariamente la de los más ricos. La reforma fiscal que procede en lo inmediato no es aumentar las tasas.

La primera reforma fiscal consiste en que todos, pero especialmente los más ricos, paguen los impuestos que hoy les corresponden de acuerdo a las tasas existentes.

En el modelo neoliberal se construyó un sistema fiscal de simulación. Aunque la tasa más alta de ISR para personas morales era de 30 por ciento, en términos efectivos, los grandes consorcios empresariales sólo pagaban entre el 5 y el 9 por ciento de ISR. A través de mecanismos “legales” como la consolidación, el diferimiento y la condonación de impuestos; y de medios ilícitos como la facturación falsa y la corrupción, las personas morales más ricas dejaban de cumplir con sus obligaciones fiscales.

Recientemente, en el terreno legislativo se ha prohibido la consolidación fiscal y se ha penalizado la facturación falsa. En la operación de gobierno se ha logrado que paguen sus adeudos fiscales diversos consorcios: América Móvil: ocho mil 289 millones de pesos (mdp); Walmart: ocho mil 79 mdp; CocaCola: ocho mil 790 mdp; IBM: 669 mdp; Minera Fresnillo: cuatro mil 500 mdp, entre otros.

En 2007 le escuché a un economista decir: “la reforma fiscal que hoy requiere México es que 15 consorcios paguen los impuestos que les corresponden”. Tenía razón.

Primero que se pague de acuerdo a las tasas existentes. Sólo así podrá verse si es necesario un aumento en las mismas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.