Falta un seguro de desempleo
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Falta un seguro de desempleo

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Falta un seguro de desempleo

15/06/2020

El autor es Senador de la República

Durante el lapso que lleva la actual administración se le ha dado una nueva centralidad a la política social.

Se universalizó la pensión de adultos mayores y se duplicó el monto económico entregado, se creó la beca para personas con discapacidad, se universalizaron las becas para estudiantes de bachillerato y se amplió el número de las que se entregan a alumnos de educación básica. Asimismo, se creó el programa jóvenes construyendo el futuro, para incorporar a las nuevas generaciones a la actividad productiva, beneficiando principalmente a quienes no tienen escuela ni trabajo.

También se impulsaron el programa sembrando vida y el de precios de garantía para el campo, así como el de apoyo económico a padres y madres de familia para el mantenimiento menor de escuelas.

Paralelamente se promovió una política de aumento al salario mínimo, que impactó positivamente en el salario general.

Poco antes de la pandemia del Covid-19, el país podía contar como nuevos activos en la cuestión social varios datos duros: el mayor aumento salarial en términos reales en 18 años, la disminución de la pobreza laboral, el incremento de los ingresos del quintil más pobre de la población en casi un 20 por ciento y el repunte de las ventas minoristas.

Estos logros quedarán afectados sin lugar a dudas con la crisis económica y social desatada por el coronavirus, crisis que ha puesto en evidencia una carencia en la política social actual: falta un seguro de desempleo.

En efecto, las políticas sociales, especialmente las de transferencias monetarias, protegen a quienes ya no están en la actividad económica (adultos mayores); a quienes tienen dificultad para estar en la actividad económica (personas con discapacidad); a quienes están entrando a la actividad económica apenas (jóvenes) y a quienes se están preparando para entrar a la misma (estudiantes). Las políticas para el campo apoyan a quienes se encuentran en la actividad agraria. Y la política salarial fortalece a quienes ya se encuentran en la actividad económica formal.

Pero no hay ninguna política social que proteja a quien es expulsado de la actividad económica formal, es decir, al que pierde o es despedido de su trabajo.

Las consecuencias de esta carencia las estamos viendo ahora: cientos de miles de trabajadores han perdido su trabajo a causa de la crisis económica y social derivada de la pandemia y no existe una red social suficiente para su protección.

El despedido que hasta hace poco tenía trabajo, y no es joven, ni estudiante, ni adulto mayor, ni persona con discapacidad ni campesino, se ha quedado de la noche a la mañana sin ingreso y no cubre el perfil para incorporarse a un programa social.

El seguro de desempleo existe desde hace un siglo en países como Alemania. Junto con esta nación, Francia, Dinamarca, Bélgica, España y Suiza, entre otros, tienen los seguros de desempleos más desarrollados, con montos más grandes y duración más prolongada.

También tienen seguro de desempleo Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Australia, Irlanda, Japón y otros.

En algunos casos, el seguro está financiado por aportaciones tripartitas: empresarios, trabajadores y gobierno. En otros casos se sostiene de aportaciones de gobierno y empresarios. Y en algunos casos más, de fondos públicos exclusivamente.

De todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el único que no cuenta con dicha prestación social. Solo en la Ciudad de México existe un seguro de desempleo, que opera desde hace más de una década.

El artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho a la protección en caso de desempleo y el 25 de la misma Declaración señala el derecho a ser beneficiado por seguros de desempleo. También hay un Convenio 168 de la Organización Internacional del Trabajo sobre seguro de desempleo.

Es hora de que exista un seguro de desempleo en México. La realidad lo exige.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.