Doblaje de voz
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Doblaje de voz

COMPARTIR

···
menu-trigger

Doblaje de voz

03/02/2020

De manera repentina ha estallado uno de los debates más interesantes del mundo cinematográfico de México. Me refiero al tema del doblaje de voz.

A propuesta de la Asociación Nacional De Actores (ANDA), se presentó en el Senado una iniciativa de reforma a las Leyes Federales del Trabajo, de Derechos de Autor, de Cinematografía y de Cultura y Derechos Culturales en materia de doblaje de voz, con el propósito de lograr tres objetivos:

1. Que en las salas de cine se pueda disfrutar de las cintas extranjeras ya sea en su idioma original o doblada al español.

2. Que en los territorios de los pueblos indígenas se agregue la exhibición de películas dobladas a la lengua indígena predominante en la zona.

3. Que se reconozcan los derechos laborales de las actrices y actores de doblaje de voz.

Aunque la iniciativa se presentó el lunes de la semana pasada, no fue sino a partir de algunas notas aparecidas el jueves siguiente que se desató un extenso debate en las redes sociales. Algunos críticos daban a entender que en las salas de cines ya sólo se exhibirían películas dobladas al español y que el espectador ya no podría escucharlas en su idioma original. Naturalmente, la iniciativa no propone eso.

Pero también aparecieron críticas más objetivas.

Productores y distribuidores pequeños e independientes han llamado la atención sobre los costos que implicaría para ellos financiar forzosamente el doblaje de todas las películas extranjeras.

Observadores de la vida económica han planteado la idea de conocer el comportamiento de la demanda real de cine doblado al español en el mercado.

Directores de cine mexicano han expresado su preocupación de que el cine extranjero doblado al español pueda desplazar a las películas nacionales en las preferencias de los espectadores del país que consumen cine en su idioma.

Aunque aparentemente contradictorias entre sí, porque por un lado cuestionan la posibilidad del éxito económico de ampliar la presencia del cine doblado al español y por otro lado lo magnifican, estas críticas deben escucharse para hacer las modificaciones que sean necesarias a la iniciativa original.

Pero además de este debate económico, hay un debate cultural.

Se afirma por los críticos que el doblaje mutila una obra artística. Sin embargo, esto es muy relativo. El doblaje mismo puede representar una recreación artística, la vía para la incorporación de una obra a la cultura de un país o para la difusión masiva de una obra.

Análogamente, la traducción de obras como La Odisea, La Ilíada, El Capital, Fausto, Romeo y Julieta y muchas otras, ha sido la única forma por la que millones de mexicanos las han conocido. Pocos las han leído en su idiomas originales.

No es casual, por otra parte, que la propuesta de reformas legislativas sobre doblaje haya aparecido justo cuando se presentó el Tratado México-Estados Unidos-Canadá al Senado mexicano.

Para algunos actores, el doblaje al español -y ahora también a lenguas indígenas- sería una de las formas para equilibrar la gran predominancia anglosajona en el consumo cinematográfico del país.

Pero más allá de los aspectos económicos y culturales, está el punto original que motivó este debate y del que poco se ha hablado por los críticos de la iniciativa: los derechos laborales de los actores y actrices de doblaje de voz, asunto central en las preocupaciones de la ANDA.

Actualmente, los actores y actrices de doblaje de voz no son beneficiados con regalías; no son reconocidos como artistas, intérpretes o ejecutantes; tienen condiciones salariales precarias en la mayoría de los casos; muchas veces laboran en cabinas deterioradas; para declarar fiscalmente se tienen que presentar como reporteros o locutores; son afectados por la competencia desleal de empresas de doblaje irregulares o ilegales y la voz no se reconoce como medio de expresión del folclor en la ley.

Por eso la iniciativa en cuestión es relevante. Corresponde ahora al Senado recoger los puntos de vista de todos los sectores interesados para construir el consenso que el tema merece.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.