Jornaleros agrícolas y distorsiones de mercado
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Jornaleros agrícolas y distorsiones de mercado

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Jornaleros agrícolas y distorsiones de mercado

25/10/2018

Los jornaleros agrícolas son fundamentales para la producción en el campo, ya que son trabajadores eventuales en la preparación del terreno, su cuidado o mantenimiento y en la cosecha de los cultivos. Las principales características del mercado laboral de los jornaleros son: una elevada estacionalidad vinculada con los ciclos agrícolas naturales, sea de productos anuales (como granos y oleaginosas) o perennes (frutas, hortalizas e industriales), en este último caso sobre todo en periodos de recolección; periodos cortos de contratación en el año y muy concentrados; una elevada movilidad geográfica hacia las zonas productivas, incluso con sus familias; ausencia de contratos por escrito; nulo o limitado acceso a la seguridad social; baja escolaridad y capacitación; y elevada rotación de empleadores. En muchos casos, además del pago de los jornales, el contratante proporciona alimentación y vivienda temporal, no siempre digna. Otra característica es que ese mercado tiene un carácter multinacional, ya sea de manera legal y ordenada (por ejemplo, el programa de trabajadores agrícolas mexicanos en Canadá y algunas partes de Estados Unidos, o las visas de trabajo eventual de centroamericanos en México) o ilegal (migrantes mexicanos y centroamericanos a Estados Unidos). Ese fenómeno no es exclusivo de América, sino que se da de manera creciente en otros continentes, como lo reportó la revista The Economist la semana pasada.

Según la Encuesta Nacional Agropecuaria 2017 del INEGI, en México existen 11.8 millones de jornaleros empleados en el sector (89% hombres y 11% mujeres), con un promedio de entre 24.5 y 31.3 días contratados y que perciben un pago promedio de $167 pesos por jornal. De acuerdo con un análisis del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, un tercio son migrantes tanto a otras partes del país que no es su lugar de origen como de otros países; sólo 3% tienen contrato y 7% prestaciones; y el promedio de escolaridad es de 5.9 años (primaria incompleta). En ese contexto, la Sedesol opera el “Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas” que otorga apoyos directos en zonas de destino (becas para hijos de jornaleros y apoyos económicos al arribo), apoyos especiales para contingencias (transporte, servicios médicos y gastos funerarios), apoyos alimenticios para niños y subsidios para la construcción de instalaciones para jornaleros (centros infantiles, atención a la salud y espacios para estancia temporal).

En ese marco se insertará el programa propuesto por la nueva administración para plantar un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables incluyendo su mantenimiento en el sureste del país, que prevé contratar a 400 mil jornaleros y productores, y un pago de $5,000 pesos al mes (no se aclaró durante cuántos meses), equivalente a $250 pesos por jornal. Si bien nadie duda de la necesidad impostergable de mejorar y dignificar las condiciones laborales, de educación, seguridad social y vivienda de los jornaleros agrícolas, el programa como está propuesto puede generar distorsiones en ese mercado.

En primer lugar, implicará un incremento súbito en la demanda adicional de mano de obra en el campo que podría implicar una escasez en zonas de elevada producción de hortalizas (tomate, pimiento, etc.), de frutas (aguacate y berries) y café. Ello podría traducirse en un aumento de los costos de producción, mayores precios (presiones inflacionarias) y una pérdida de competitividad de diversos productos de exportación, con el consecuente deterioro de la balanza comercial. En segundo término, a ello se agrega que el pago ofrecido sería casi 50% superior al promedio vigente en el mercado, lo que también se traduciría un empuje de costos. Qué bien impulsar una recuperación de los salarios agrícolas, pero deben considerarse las condiciones de mercado, y no hacerlo “por decreto”, para evitar distorsiones que después se reviertan en los propios trabajadores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.