Me voy a quedar sin amigos
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Me voy a quedar sin amigos

27/03/2018
Actualización 27/03/2018 - 9:20

Desde el año pasado Facebook venía amenazando con modificar su algoritmo para privilegiar los contenidos de usuarios y evitar abusos en recolección de datos de usuarios, creación de cuentas y contenido falso, así como publicidad y amplificadores engañosos. Por lo visto no era por previsión, sino por defensa.

Ante la avalancha de noticias generadas a partir del escándalo del mal uso de la información de millones de usuarios de Facebook derivados del caso Cambrige Analytica, Mark Zuckerberg reconoció en su cuenta que en 2015, a través de las noticias, se enteró de que se había compartido la información recabada con autorización de Facebook a Cambridge Analytica, por lo que bloqueó la aplicación motivo del estudio y demandó que toda la información generada se borrara, pero que recién este mes supo que esto no se cumplió. Investigar aplicaciones y desarrolladores, limitar su uso y abuso e informar a los usuarios son las medidas principales que expuso Zuckerberg como pasos para arreglar esta situación.

La historia de terror de estas últimas semanas empezó con un comunicado de prensa de Facebook, en el que se adelantaba a las noticias que vendrían, anunciando que suspendía a Cambridge Analytica de esta red social.

Esta información fue seguida de la caída en bolsa de las acciones de Facebook, la apertura de una investigación en la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, la citación a Mark Zuckerberg por el Parlamento británico y el inicio de un movimiento por parte de Brian Acton, cofundador de WhatsApp (que ahora también es propiedad de Facebook), sobre que llegó el momento de borrar las cuentas de esa red social: #DeleteFacebook.

En la crisis más grande en la historia de Facebook, acompañada de un declive en su participación de mercado en jóvenes menores de 25 años, es momento de replantearse el modelo de comercialización de ésta y, de paso, de las demás redes sociales si quieren permanecer en el mercado. Una posibilidad es cobrarle periódicamente al usuario por su dominio en Facebook y quien no esté dispuesto a pagarlo tenga una versión gratuita, sujeta al modelo actual de publicidad.

Mientras esto evoluciona, y si permea #DeleteFacebook, mi mayor preocupación es que si cae la red social, o al menos su uso, me voy a quedar sin amigos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.