Regresa a México con su lucha por la desigualdad
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Regresa a México con su lucha por la desigualdad

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Regresa a México con su lucha por la desigualdad

06/03/2020

Por accidente, nació en Pachuca Ricardo Fuentes Nieva, el último de los ocho hijos de don Antonio y doña Socorro. La familia se había asentado en Tepeapulco, un pueblo pegadito a Ciudad Sahagún, el experimento industrializador del milagro mexicano de los 50, donde don Antonio Fuentes fabricaba, al lado de cientos de obreros, vagones para el Metro.

Viven seis de los ochos hijos que procrearon los Fuentes Nieva. La mayor murió al año y medio, en un accidente. El tercero, Isidro, murió de ocho, de una infección estomacal que no supieron atender los médicos. “Fue un evento que definió a mi madre por el resto de su vida. La muerte del niño le partió el corazón”.

Ricardo Fuentes Nieva estudió la primaria y la secundaria públicas en el pueblo, y la prepa en un CBTIS. Ahí se formó como técnico en dibujo y en electrónica.

En 1992 llegó a la Ciudad de México para estudiar Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Tenía 16 años. Estaba adelantado, porque aprendió a leer y a escribir solo. Como ingresó alfabetizado a la primaria, lo pasaron a segundo año. Leía ficción, poesía, teatro, lo que le caía en las manos. “Mi mamá me compró unos diccionarios en tandas, en el mercado, que guardo con mucho cariño”.

La UAM se fue a huelga y el dinero que le enviaba su padre no alcanzaba para nada. Alguien le habló sobre las licenciaturas del CIDE, pero dejó pasar un año; no quería desperdiciar el tiempo que había invertido en la UAM. Al fin hizo el examen para Economía. “Durante las entrevistas me preguntaban por mi vocación. Hasta ahora tengo una afinidad por la literatura muy fuerte, algo añeja y envejecida, pero todavía me emocionan mucho las historias”.

-Pero te convertiste en un economista.

-Sí. Hubo un momento que me encantó, cuando aprendí matemáticas. Algo sabía, pero no estaba sistematizado mi conocimiento matemático.

Al terminar su carrera, Fuentes Nieva trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo como asistente de investigación con el exsubsecretario de Educación, Miguel Székely. Volvería a trabajar como parte de su equipo de asesores en la Sedesol de Vázquez Mota, luego de acreditar la maestría Barcelona. “Rogelio Gómez Hermosillo, Gonzalo Hernández Licona y otros hicimos un gran equipo, pero la burocracia es la burocracia. No me gustó trabajar en el gobierno”, cuenta.

Pronto fue contratado para colaborar en el Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. Fuentes Nieva programaba enormes bases de datos y con éstas, varios informes de desarrollo humano. El último de ellos fue el Primer Informe de Desarrollo Humano de África, sobre seguridad alimentaria.

Ricardo Fuentes Nieva
Ricardo Fuentes NievaFuente: Ismael Ángeles

Su familia estaba muy sorprendida por el desarrollo del menor de los Fuentes Nieva. Además, su rol cambió, de hermano menor a cuidador, y fue un modelo a seguir para sus sobrinos. “Uno estudió economía en el CIDE y otra se dedica a la resolución de conflictos y al desarrollo internacional. Me alegra que se hayan ido del pueblo, porque ahí nunca hubo nada qué hacer, más que jugar futbol, beber antes de jugar, beber después de jugar y meterte en pleitos en el único bar del pueblo”.

Hastiado de leer documentos académicos sobre desarrollo internacional y de analizar datos, Fuentes Nieva aceptó una oferta de Kevin Watkins, quien fue su jefe en Naciones Unidas (hoy es director de Save the Children, en Reino Unido). Watkins, que también había encabezado el área de investigación en Oxfam Gran Bretaña, buscaba cubrir ese puesto. “Me costó tomarlo. Fue una decisión complicada. Estaba aburrido en NY, pero tenía un loft en Williamsburg, de película y una vida de ensueño, con muchísimos amigos. Mudarme a Oxford implicaba dejar todo eso, pero era una gran oportunidad profesional. La oferta de Oxfam, además, significaba un recorte salarial de 35 o 40 por ciento, pero si me quedaba sólo por el confort, sabía que me iba a odiarme, que iba a perderme el respeto. Así que me fui a Oxford en 2012 y lo odié con todo mi corazón”.

-¿Por qué?

-Oxford es una ciudad muy conservadora y la sociedad inglesa es clasista, tanto como la mexicana, pero con tradiciones milenarias.

Fuentes Nieva hizo una gigantesca contribución cuando hizo este cálculo: los ocho hombres más ricos del mundo eran dueños de tanta riqueza como la mitad más pobre de la población total del mundo, uno de los resultados de Working for the Few. Political Capture and Economic Inequality. “Ese documento transformó Oxfam”, afirma.

En ese momento, en Oxfam se debatía internamente si debía enfocarse en seguridad alimentaria, cambio climático o pobreza. “Al principio se rechazó la idea de trabajar en desigualdad. Había una crisis de identidad en toda la industria del desarrollo internacional, que consistía en resolver si éramos asistencialistas o humanitarios. El empuje de la agenda de desigualdad implicaba que fuéramos más políticos, y el estudio tuvo tal éxito porque había un gran apetito por esa agenda”.

Oxfam quedó desbordada de solicitudes de entrevistas alrededor del mundo. La publicación ocurrió poco antes de la traducción al inglés de El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, por lo que creció la certeza de que la desigualdad económica se nos estaba saliendo de las manos.

Ese mismo año, 2014, Fuentes Nieva quedó consternado por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. “Me removió muchísimo”. Después de vivir fuera de México por 15 años, volvió. “Mientras ocurrían estos hechos que son inenarrables, yo me sentía muy alejado”.

Como director de Oxfam México, le pidió a Gerardo Esquivel, actual subgobernador del Banco de México, que realizara un estudio de desigualdad para México. El documento tuvo una gran repercusión, lo mismo que otros más recientes, como 'Por mi raza hablará la desigualdad'.

Ricardo Fuentes Nieva está redirigiendo la segunda mitad de su carrera profesional.

-¿Por qué te vas?

-Porque estoy satisfecho y orgulloso, pero también muy cansado. Oxfam México ha colocado en la agenda temas como el racismo y justicia de género, que mucha gente hubiera preferido no abordar. Oxfam es relevante en nuestro país y si bien está conectada internacionalmente, ha quedado claro que no necesitamos recetas y soluciones desde Oxford; aquí tenemos toda la capacidad de análisis y de lucha.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.