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'Quería que el mundo fuera menos desigual'

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'Quería que el mundo fuera menos desigual'

16/10/2020
Actualización 16/10/2020 - 15:21

Como les había advertido María del Refugio Martínez a sus dos hijas, se enterarían de la muerte de Efraín Niembro por las esquelas en el periódico. Exactamente así sucedió, diez años atrás.

María del Refugio Martínez fue la segunda pareja de Efraín Niembro, un político hidalguense que perteneció al sector agropecuario priista. De su primer matrimonio nacieron cuatro hijos. Ingeniero agrónomo de Chapingo, Niembro desempeñó varios cargos públicos, hasta que lo alcanzó la renovación moral de Miguel de la Madrid y pasó tres años en la cárcel, después de otros tantos refugiado en España. Lo detuvieron cuando vino a conocer a Mariana, su hija menor. María del Refugio Martínez lo visitó en el reclusorio hasta que Niembro obtuvo su libertad y la abandonó por otra mujer, quien concibió al último de sus descendientes.

Mariana Niembro vio a su padre contadas veces. Le impresionaba su personalidad, sabía que era una figura. “Pero él no fue mi padre. No me conoció ni supo cuál era mi color favorito ni el mayor de mis miedos o aspiraciones”. Una de éstas es dedicarse a la política, trascendida la figura paterna: “Me encanta la sociedad civil, pero lo mío definitivamente, es hacer política. Creo que el desamparo en el que me dejó la partida mi padre tuvo un gran efecto: la fuerza interna para salir adelante, junto a mi madre. Ella, que estudió una carrera técnica y trabajó muchos años en el gobierno, como asistente y como secretaria, tuvo el empeño de darnos mejores oportunidades a mi hermana y a mi”.

Mariana Niembro no podía pagarse los estudios en una universidad privada, por lo que se fue un año a Florencia, mientras podía aplicar al examen de la UNAM. Consiguió trabajo en una tienda de chamarras y pieles cerca del Duomo. “Todo estaba demasiado bien y eso no me llenaba. Yo quería salvar al mundo, hacerlo un poco menos desigual”.

Decidió estudiar Ciencia Política. Las discusiones en clase le hervían la sangre. “Comprender lo que pasaba en México me llevaba a la historia de mi padre”. Sin embargo, su tiempo en la Universidad Nacional no fue fácil; Niembro venía de una preparatoria privada: “Fue un golpe brutal de realidad. Mi facultad es muy complicada y mi generación era muy ruda. En la segunda semana, ya me querían madrear en el baño. Nunca había tenido compañeros que hicieran tres horas para llegar a la Universidad o que no tuvieran ni para comer. Fue duro y lo sufrí”.

El Poder Legislativo asombró a Niembro. Al mismo tiempo, se apoderó de ella la angustia porque no era militante de ningún partido ni tenía relaciones en el mundo de la política. Sin embargo, un profesor le ofreció contactarla con María Emilia Farías Mackey, una exdiputada priista que, tras el triunfo del PAN, fundó como otros miembros de su partido despachos de cabildeo. Niembro se formó en Cabildeo y Comunicación, “y desarrollé ciertas habilidades que me permitieron sobrevivir el Congreso”.

Después de cuatro años en el despacho, Niembro entendió que, dado que el cabildeo es impagable para la mayoría, había que encontrar otros caminos para que diversos grupos sociales incidieran en la elaboración de las leyes. “Todos deberíamos tener una puerta abierta en el Congreso”.

Entonces, su familia atravesaba un terrible momento en lo económico. Su madre había sido despedida –sin liquidación y sin pensión– y Niembro cargaba con la manutención de la casa. Le hicieron una oferta en la coordinación de asesores del SAT, cuando lo administraba Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. Fue una muy mala experiencia. “Todo funcionaba con favores. Yo cobraba un sueldo por el que no hacía gran cosa, y eso me incomodaba muchísimo. Había toda clase de acoso; todo era denigrante”.

Mariana Niembro, activista y politóloga.
Mariana Niembro, activista y politóloga.Fuente: Ismael Ángeles.

Niembro regresó a Cabildeo y Comunicación temporalmente. Después se empleó en ZIMAT donde producía contenidos políticos para redes sociales, ocupación que duró poco porque fundó, en sociedad con su esposo, Borde Político, un proyecto de seguimiento del Congreso y de generación de comunicación y pedagogía política.

Borde Político fue fundado “en un momento crucial”, cuando regresó el PRI de la mano de Enrique Peña Nieto a la presidencia. “Creíamos que todos los avances que se dieron a partir del PAN y sobre todo del Congreso dividido estaba quedando atrás. Regresaron las mayorías con el Pacto por México y nos pareció urgente evaluar a los legisladores”.

Además, las organizaciones de la sociedad civil seguían al margen del Congreso: “No sabían cómo acercarse”. Borde Político obtuvo capital semilla para desarrollar la programación y, en colectivo, construyeron el Borde Score para calificar a diputados y senadores.

Borde Político no tuvo la respuesta ciudadana que esperaban sus fundadores, pero pronto se dieron cuenta de que la clase política 'les puso el foco'. Los registros sobre su trayectoria, sus iniciativas y puntos de acuerdo, sus entrevistas y declaraciones públicas, el número de veces que subían a la tribuna y, por supuesto, el sentido de sus votos, dejaban una huella y una calificación y eso, vaya que les preocupaba. “Los teléfonos no paraban de sonar; los diputados querían subir su puntuación. Y también, varios actores nos trataron de usar”.

Después de los legisladores, Borde Político hizo en 2015 un ejercicio con los presidentes municipales, junto con la Universidad de Harvard.

“Creo que los hechos nos han demostrado que la clase política mexicana ya está rebasada, que es muy patriarcal, que los liderazgos no se renuevan y que no representan al ciudadano común y corriente”.

–¿Hay vuelta atrás?

–Cuando desperté al feminismo comprendí que hay construcciones que no tienen vuelta atrás. Por ejemplo, diría que, sin excepción, las mujeres que hacen política se han tenido que fletar todo tipo de violencia y se han tenido que masculinizar para penetrar este sistema de machos, vertical y patriarcal. Para mí, es un reto abrir brecha para las mujeres que vienen.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.