'MC, el primero que impulsó una política de austeridad'
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'MC, el primero que impulsó una política de austeridad'

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'MC, el primero que impulsó una política de austeridad'

08/03/2019
Actualización 08/03/2019 - 14:22

Clemente Castañeda proviene de una familia de actrices. Él abandonó la actuación en la adolescencia, pero las herramientas del teatro aún le son útiles: “Sólo me cambié de escenario, porque la política tiene una parte escénica, histriónica, muy teatral”.

Músico desencantado y fanático de las Chivas, como su hijo menor, el líder de Movimiento Ciudadano ha tenido una carrera recta, sin saltos, sin idas y vueltas. Hace tiempo se trazó un trayecto legislativo del que aún no se desvía: fue diputado local, diputado federal y ahora es senador. “Nuestra ruta política de equipo también es clara; sabíamos que el primer paso era ganar Guadalajara y después Jalisco. Ahora lo que sigue es hacer una buena chamba para construir en adelante”.

Movimiento Ciudadano es un partido pequeño. Es la cuarta fuerza política. Tiene registro en la mitad de los estados de la República. El reto de Castañeda es conducirlo “a la mayoría de edad”, convirtiéndolo en una opción política nacional. “Creo que hay una buena expectativa sobre MC y su agenda, aunque la 4T nos ha robado algunas banderas, como la política de austeridad que nosotros hicimos efectiva en Jalisco, el único estado que tiene una ley de austeridad y ahorro impulsada por nosotros”.

Clemente Castañeda ganó la senaduría en una ardua campaña, en la que arrancó en cuarto lugar. Disputó el escaño con Pedro Kumamoto, “en una lucha de tú a tú, cuerpo a cuerpo, en redes sociales, en la calle, en las universidades”. Kumamoto, el carismático y popular candidato independiente, casi un rockstar, era inmune a los golpes de campaña. “Si yo criticaba a Pedro, inmediatamente me convertía en el malo de la película”.

La campaña de Enrique Alfaro para la gubernatura de Jalisco había colocado a Castañeda en una encrucijada: o continuaba por el sendero del Legislativo o mantenía su carrera ligada a Alfaro, con quien había trabajado desde que ganaron la alcaldía de Tlajomulco. “No me podía reelegir como diputado federal porque todavía no entraba en vigor la reelección; no me interesaba regresar al Congreso local, de modo que mi siguiente apuesta tenía que ser el Senado”.

Alfaro y Castañeda se conocieron en la Preparatoria 5 de la UDG. En los últimos semestres, Castañeda empezó a hacer política estudiantil y fue presidente de los alumnos, cargo que le ganó precisamente a Alfaro. La política nunca le fue ajena. Su padre hacía política, primero desde el apartidismo y después en el PRD.

A finales de los 80, en la Universidad de Guadalajara, donde hubo una violenta disputa que casi la llevó a paro (la Federación de Estudiantes de Guadalajara tomó escuelas y pretendía deponer al entonces rector, Raúl Padilla), Castañeda se integró al grupo disidente, el Frente Estudiantil Independiente, que reñía tanto con los estudiantes articulados en la FEG, una poderosa organización latinoamericana –vinculada al PRI y al gobierno que en el 68 reprimió al movimiento estudiantil jalisciense– como con la emergente Federación de Estudiantes Universitarios, creada por Raúl Padilla y el grupo que acababa de llegar a la UDG.

Castañeda cursaba Estudios Políticos y Gobierno, una combinación de Ciencia Política y Administración Pública, una rara licenciatura creada para formar futuros funcionarios públicos en un ambiente de mucha crispación. Más tarde llegó al Consejo General Universitario, desde donde criticaba al rector Padilla, a su grupo y su manera de hacer política y al modelo universitario.

Al terminar la licenciatura no encontró condiciones para dar clases en la UDG, sino en el ITESO. Un tiempo después se fue a la New School, de Nueva York, a estudiar la maestría en Ciencia Política. Dejó inconcluso el doctorado porque volvió durante el proceso de desafuero de Andrés Manuel López Obrador: “Pensé que ahora sí iba la nuestra, que la izquierda tenía muchas posibilidades”. Entonces, se reencontraron de nuevo Castañeda y Alfaro, que había hecho carrera en el PRI.

Alfaro ganó una diputación local e invitó a Castañeda como director del Órgano Técnico de Asuntos Metropolitanos, del Congreso estatal. En 2009, buscaron y ganaron la presidencia municipal de Tlajomulco. Por primera vez, un partido político distinto al PRI y al PAN ganó una alcaldía del área metropolitana de Guadalajara. Era el primer triunfo del PRD (en alianza con el PT) y el hecho sentó un precedente. “Tlajomulco se convirtió en un municipio protagonista de la vida política, pero fundamentalmente de la vida urbana del estado y tuvo una gran inversión pública”, afirma Castañeda, que fue el jefe de la oficina de Coordinación Política de la presidencia municipal. Tlajomulco también abrió la puerta para construir la candidatura de Alfaro para gobernador en 2012.

Doce semanas antes de la elección, falló la coalición entre el PRD y el PT. Había candidato pero no partido, hasta que Dante Delgado les puso el suyo. “Y lo cierto es que a partir de eso empezamos a existir como opción política y que la ruptura con el PRD le dio un impulso a la campaña”, asegura Castañeda.

El PRD tenía negativos altísimos y Movimiento Ciudadano, aunque inexistente, era una marca diferente, novedosa y atractiva. Alfaro no ganó la gubernatura, pero obtuvo sólo 150 mil votos menos que la coalición que postuló a Aristóteles Sandoval. Castañeda coordinó el primer grupo parlamentario que tuvo MC, que arrancó con cinco diputados y acabó con ocho con la integración de tres panistas. MC además refrendó el gobierno del municipio de Tlajomulco y todo aquello les permitió llevar a Alfaro con relativa facilidad a la alcaldía de Guadalajara. “Nuestra fuerza en la ciudad era marcada”.

Alfaro gobierna Jalisco y Castañeda gobierna Movimiento Ciudadano, y es vicecoordinador de la fracción de MC en el Senado. El siguiente paso de la ruta es obvio. Todo depende de la actuación de ambos, pero sobre todo de la de Alfaro. La gestación de la próxima candidatura será lenta, pero está en marcha.

Mientras tanto, Castañeda goza de su papel en la oposición: “Si tuve alguna simpatía por lo que representaba López Obrador, se ha borrado con el paso del tiempo. La cuarta transformación tiene de izquierda lo que mi abuela tenía de astronauta. Está más vinculada a la derecha que a la propia izquierda”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.