'En México no estamos tan mal como creemos': Rogozinski
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'En México no estamos tan mal como creemos': Rogozinski

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'En México no estamos tan mal como creemos': Rogozinski

23/03/2018
Actualización 23/03/2018 - 12:22

La pareja polaca formada por Helena, sobreviviente de Auschwitz, y Gustavo, de Bergen-Belsen y otros campos, se conoció en Francia, al finalizar la guerra. Se casaron y tuvieron a su primer hijo, en 1950. Diez meses después, llegaron a México, aterrados. Pusieron un océano de por medio; había estallado la guerra en Corea y ellos temían que trascendiera los límites de Asia y se derramara hasta Europa. Ya estaban muy solos; ella había perdido a seis de sus nueve hermanos. A él no le quedaba nadie.

El bebé era un apátrida. Para los mexicanos, era francés; para los franceses, era polaco. Polonia no lo reconocía porque sus progenitores habían perdido la nacionalidad porque nunca volvieron tras la guerra. El niño peregrinaba con un documento de identidad y viaje, expedido por la ONU, el número 472.

“Ese papelito generó en mí una forma de ser diferente. Yo tenía que esforzarme el doble o el triple”.

En esta condición vivió 31 años Jacques Rogozinski, director general de Nacional Financiera, hasta que José López Portillo firmó su carta de naturalización. “Todos nosotros le pegamos a Trump, ¿verdad?, pero hay que verse en el espejo. Al día de hoy, habiendo llegado aquí a los diez meses, habiendo escogido México, no puedo ser ni diputado ni senador ni embajador ni cónsul general ni secretario de Estado y, vaya, en algunos lugares ni jefe de la Policía. Si me fuera a Estados Unidos, como estoy casado con una norteamericana, en unos años podría tener la nacionalidad norteamericana y casi todos los derechos políticos… excepto ser presidente. No me quejo. Al final, este conflicto me hizo persistente. Para mí, no nunca significa no”.

Estudió administración en el ITAM. Se inclinaba por economía, pero declinó porque construir una carrera política estaba muy cuesta arriba. Tampoco tenía sentido afiliarse a ningún partido; sin la nacionalidad mexicana no escalaría la jerarquía burocrática. “En el sector público, mis chances eran prácticamente nulos y todo lo contrario en el sector privado y de negocios, para los judíos originarios de Europa”.

Fue becado para estudiar la maestría y el doctorado en economía en Boulder, en la Universidad de Colorado. Su formación en negocios y economía y su manejo de los idiomas del sector público y del sector privado lo hicieron, más adelante, elegible para la tarea de su vida: las privatizaciones en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Al concluir sus estudios y volver a México, Rogozinski trabajó con Jesús Rodríguez y Rodríguez, subsecretario de Hacienda con Antonio Ortiz Mena. Rodríguez sabía que Rogozinski no tenía nacionalidad, y no lo objetó; lo quería en su equipo y generaría para él una cámara de compensación, es decir, un puesto técnico.

Durante la administración de Miguel de la Madrid, Rodríguez lo invitó a trabajar en la Lotería Nacional, para modernizarla. En 1988 Pedro Aspe se lo llevó a la Secretaría de Programación y Presupuesto, en calidad de asesor. Le encargó que revisara qué estaba ocurriendo en el mundo con las privatizaciones, particularmente en la Inglaterra de Margaret Thatcher. En un principio, había pensado asignarle la subsecretaría de Desincorporación, porque la palabra privatización provocaba rechazo, “pero nadie entendía en qué consistía”.

Finalmente, decidieron crear la Unidad de Desincorporación, una estructura de carácter transitorio, con un principio y un fin muy definidos. El equipo era compacto. El caso de Teléfonos de México fue manejado directamente por Rogozinski y el Banco Internacional.

-Sin duda ha sido el proyecto más retador de tu vida profesional…

-Y el más complejo, porque tenía todas las aristas: la parte financiera, la parte política, la parte laboral y la parte técnica. Me tocó negociar con Hernández Juárez, que era duro como él sólo y estaba muy bien asesorado.

La de Telmex fue la primera acción mexicana que cotizó en la Bolsa de Nueva York. “Y aunque aquí había desconfianza, Estados Unidos nos tenía fe. Todos tenían puestos los ojos sobre Telmex, y nos teníamos que desnudar para cotizar allá. No hubo ningún escándalo y nunca hubo demandas de ninguna índole”.

-Pero sí muchos cuestionamientos, como que se entregó un monopolio a manos privadas…

-No me quiero meter a eso; mi opinión es que no es cierto. Lo único que se mantuvo en monopolio fue la larga distancia, todo lo demás se abrió en el momento de la privatización; en el momento en que se privatizó ya podías hacer lo que se te pegara la gana, podías ir a donde quisieras, hasta a China, y comprarte un teléfono. La larga distancia quedaba fuera por el subsidio cruzado entre las llamadas locales y la larga distancia, que era la única forma en que Telmex podía sobrevivir. Entiendo las críticas, pero si alguien se mete de verdad a ver el contexto, es claro que no había otra forma de hacerlo…

Actor clave en el proceso de privatización de diversas empresas públicas mexicanas, Rogozinski continuó su carrera en el ámbito internacional, en el Banco Interamericano de Desarrollo, donde fue asesor en Asuntos para el Sector Privado y en la Corporación Interamericana de Inversiones, donde fungió como gerente general adjunto y gerente general.

“Esa época me dio la posibilidad de conocer muy bien América Latina. Me tocó ir a lugares remotos y recorrí a lo largo y ancho nuestro propio continente. Puedo decir, con la visión que adquirí, que en México no estamos tan mal como creemos, que sólo estamos acostumbrados a medirnos contra nosotros mismos y peor aún, contra Estados Unidos”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.