'En el sector público, innovar nunca es parte del presupuesto'
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'En el sector público, innovar nunca es parte del presupuesto'

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'En el sector público, innovar nunca es parte del presupuesto'

25/01/2019
Actualización 25/01/2019 - 15:42

De niño, Juan Pablo Escobar vivió en Tijuana, Monterrey, y en su ciudad natal, Los Mochis. Allá llevó a la familia el trabajo de su padre, en la industria embotelladora.

En Monterrey, Juan Pablo vivió una adolescencia poco convencional para lo que conoció en Sinaloa; la gente empieza a trabajar muy joven. Él se incorporó a la vida laboral regia a los 16, primero en un cibercafé, luego en un call center. “Me llamaban las computadoras”.

Después de un aparatoso accidente automovilístico que lo mantuvo inmóvil y en rehabilitación durante meses, el joven ingresó, becado, a Administración Financiera en el Tec de Monterrey. Un semestre después se cambió a Sistemas Computacionales: “Quería emplearme en una gran corporación; Microsoft es el sueño que te venden cuando entras al TEC”.

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Juan Pablo Escobar, desarrollador de tecnología.Fuente: Especial

En un curso de nuevos lenguajes de programación, Escobar conoció a Adrián Cuadros, fundador de Innku, una empresa naciente de desarrollo a la medida. Ahí adquirió tales habilidades de programación que empezó a construir productos digitales. Facebook crecía sin control y lanzar productos digitales se había abaratado.

Aunque no llegó a ser presidente de los alumnos de su carrera, fue muy activo en los grupos estudiantiles. Cambió, por ejemplo, el Format Fest, un evento en el que los estudiantes de sistemas formateaban computadoras para recaudar fondos, por el primer hackatón estudiantil en México. Simultáneamente, lanzó el capítulo estudiantil de la ACM (Association for Computing Machinery) para México. La ACM fue fundada por Alan Turing, el inventor de la computadora y al premio Turing se le conoce como el Nobel para las ciencias de la computación.

En aquel hackatón participaron 25 personas; hoy, es el más grande de América Latina y lo patrocinan Google y Facebook, entre otros gigantes del mundo de los sistemas computacionales. Escobar organizó eventos similares fuera del TEC, hasta que se fue a la India a realizar prácticas profesionales en seguridad informática en Infosys, cuando la industria de software en ese país comenzó a crecer enormemente.

“Vi que en la India, las personas estaban creando soluciones a problemas del primer mundo e ignoraban los propios. En ese momento me entró una urgencia por regresar a México y hacer cosas. Muchas de esas cosas que se crean no las necesita nadie; son soluciones en busca de problemas y no soluciones a los problemas que existen. Decidí que lo que hiciera en adelante se enfocaría en lograr un impacto social”.

Rodolfo Wilhelmy, su amigo de la universidad, sugirió trabajar con datos abiertos, es decir, información pública, como la que genera el gobierno. Hablaron de transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas, y de cómo vincular a los tecnólogos con esos temas. Se les ocurrió construir una plataforma, que llamaron Codeando México, para proponer retos e invitar a ONG y a gobiernos locales a que publicaran problemáticas.

No fue muy atractivo hasta que, en 2013, se difundió que la Cámara de Diputados pagaría 115 millones de pesos por el desarrollo de una aplicación móvil para monitoreo legislativo, y para el uso exclusivo de los diputados. Codeando México convocó a desarrollar un prototipo en código abierto, y ofrecieron el 0.1 por ciento del contrato y un Ipad mini de premio para la mejor. “En diez días recibimos seis aplicaciones de estudiantes y profesionistas. Nos invitaron a presentar las aplicaciones en San Lázaro”.

Ese suceso llamó la atención a Fundación Avina, que empezaba a invertir en la región. Escobar trabajaba para la organización en su tiempo libre y de lejos, mientras hacía prácticas en HP, en Silicon Valley, La Meca de los desarrolladores. “Fue casi insoportable; todos los días conoces a veinte personas y la mitad te pitcha una idea de la siguiente gran start up que en realidad es basura”.

Wilhelmy, quien dirigía Codeando México, tomó un cargo en el equipo de estrategia digital de Presidencia de la República al inicio del sexenio de Peña Nieto y Escobar ocupó su lugar. La organización, que se fondeaba con donaciones de organizaciones internacionales, como el Banco Mundial y USAID, se fue transformando en una especie de consultora que auxiliaba a gobiernos locales a lanzar proyectos estratégicos, pero empezó a dejar de lado su misión original, publicar datos abiertos, “un tema muy conocido en la administración pública, pero muy lejano a la gente. Los datos abiertos fomentan la innovación que haría posible construir soluciones, porque el gobierno no tiene la solución a todos los problemas”.

El equipo se estaba formando en desarrollo de software y estaba dejando de lado la participación ciudadana. “En el sector público innovar nunca es parte del Presupuesto porque hay demasiado riesgo y éste está diseñado para mitigar riesgos, así que formamos una empresa dedicada justo a eso, para devolverle a Codeando México su misión original”. Con Paulina Bustos, Escobar fundó Cívica Digital.

Juan Pablo Escobar fue reconocido recientemente por sus contribuciones, al lado de otros especialistas en gobierno digital, por un comité formado por la revista británica Apolitical, que incluyó personalidades del sector gubernamental, de organizaciones internacionales, la academia y el sector privado.

“Seguiremos creando productos tecnológicos capaces de causar un impacto en la calidad de vida y en la disminución de la desigualdad y en la mejora de los servicios públicos para que alcancen un nivel de servicio privado. En esto está nuestro empeño”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.