'En China aprendí que el cambio social es posible'
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

'En China aprendí que el cambio social es posible'

COMPARTIR

···
menu-trigger

'En China aprendí que el cambio social es posible'

15/05/2020
Actualización 15/05/2020 - 15:30

Al inicio del despegue chino, Marusia Musacchio hizo maletas y se fue a estudiar la preparatoria a Hong Kong. Aún había casas grises de ladrillo con puertas carmín. “Se sentía un torrente de energía que me cautivó. China es la gran pasión de mi vida. Tuve la fortuna de encontrar mi vocación muy temprano”.

Internacionalista por El Colegio de México, Musacchio se especializó en Estudios Asiáticos en Harvard. “Pensé que iba a ser sinóloga, que es sin duda lo que más me aúpa y lo que espero pueda hacer el resto de mis días”.

Durante los nueve años que vivió en aquel país, Musacchio aprendió “la gran lección china del siglo XX: que el cambio es posible. Apenas llegué, noté esa sensación de posibilidad de cambio que cristalizaba en la gente, que venía de las provincias del interior a abrir negocios en las zonas costeras. Yo vivía en Shanghái, que es el otro gran amor de mi vida. Se respiraba adrenalina”.

Mientras que en China las conversaciones versaban sobre la proximidad de un futuro distinto y promisorio, en México la gente padecía y se quejaba de la creciente inseguridad.

Musacchio fundó dos empresas en China, una editorial de guías de viaje y una productora de té. La primera se transformó en una aplicación que traducía del chino y ofrecía recomendaciones. “Me compraron la aplicación y tuve esa sensación de expansión que compartían China y el mundo de la tecnología”.

Musacchio llegó y dejó el oriente asiático en los momentos precisos. Entre 2005 y 2010 se celebraron dos fiestas extraordinarias: las Olimpiadas y la Expo Mundial Shanghái, en la era de Hu Jintao. Sin embargo, a ese periodo de apertura siguió otro de cerrazón, como suele ocurrir ahí, según la experta. “En 2011, los extranjeros que habíamos sido bienvenidos en los ochenta, los noventa y la primera década de este milenio, dejamos de serlo súbitamente”. Se explica: “La revolución cultural había dejado una generación de analfabetos. Cuando Deng Xiaoping lanzó la ola de modernización, que fue realmente un milagro, lo hizo con una población donde ni siquiera el 0.9 por ciento tenía un grado universitario; se necesitaban extranjeros para modernizar ese país. En esos 30 años crearon cuadros e hicieron prescindibles a los extranjeros”.

Después de un par de años en Londres, Musacchio volvió a México con la idea de crear una aplicación de noticias en español, pero ocurrió lo indecible: la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. “No pude volver a lo que hacía. Me horrorizó la ola de violencia que había inundado a nuestra sociedad. Caminábamos entre muertos. Fue para todos un momento muy cargado emocionalmente. Yo necesitaba accionar mi dolor y mi frustración”.

Marusia Musacchio, sinóloga
Marusia Musacchio, sinólogaismael Ángeles

Entonces, el inicio de la curva del surgimiento de aplicaciones como Uber y Waze, Musacchio creó otra plataforma, Tierra. Iba y venía de San Francisco, donde residía su esposo, y consiguió financiamiento. “Me di cuenta de que una aplicación de crowdsourcing de información sobre crimen y violencia no iba a funcionar porque la gente que iba a usarla era el mismo conjunto de usuarios de Twitter. No iba a arrojar datos confiables”.

Después de una afanosa investigación en el Colmex, encontró que muchas bases de datos en México no estaban limpias, agregadas ni estandarizadas, y que poco o nada podía hacerse con ellas. “La oportunidad estaba justamente en construir una plataforma que agregara bases de datos existentes como primera capa, así que contraté a alguien para que hiciera solicitudes de información”.

En esos días, los especialistas en seguridad, relata, utilizaban una sola base de datos, la del Secretariado Nacional, pero nadie validaba la calidad de dicha información. El segundo problema que enfrentó fue “que periodistas, académicos y think tanks realizaban estudios muy puntuales, como La Violencia en Veracruz en 2014, digamos, pero nada de este a oeste, escalable, que pudiera accionarse”.

Musacchio se instaló en San Francisco y formó uno de los mejores equipos de mapeo del mundo. “Para mí era importantísimo hacer esto. Quizá fue una forma de rebeldía o de terapia para sobrevivir. Cada vez que leo en el periódico que asesinaron a otra persona, pienso que al menos paso mis días construyendo algo que empiece a mover un poco la aguja en otra dirección. Mi ilusión es que algún día podamos salir a la calle en paz. Hay que rechazar la realidad en la que vivimos. Eso es lo que me motiva”.

Tierra analiza datos geográficos para que sus clientes, empresas y gobiernos, tomen decisiones informadas en materia de seguridad. “Básicamente, medimos riesgos, móviles y estáticos, en polígonos muy grandes como estados o municipios, o muy pequeños como colonias. Para cada uno tenemos una categoría, una taxonomía de crimen, que son más o menos 35 incidentes. Nos llevó mucho tiempo categorizar cada incidente delictivo para hacerlo comparable entre estados (porque los códigos penales varían) y entre países, para que nuestra taxonomía también pueda ser utilizada en otros lugares”.

La plataforma permite, por ejemplo, teclear una ruta y observar la incidencia específica de delitos, el día y la hora a la que sucedieron, si fueron cometidos con o sin violencia. Agrega la CEO de Tierra: “La gente suele pensar que una zona de bajos ingresos es insegura, y nosotros queremos evitar justo eso. Todo lo que hacemos tiene que ser estadísticamente sólido para no reforzar esos sesgos. Reportamos dónde pasan las cosas, no dónde la gente percibe que pasan las cosas.

“Para transformar algo hay que comprometerse a largo plazo. Espero que esto sea el inicio de una de varias salidas del laberinto en el que estamos. El monopolio de la violencia le pertenece al Estado, pero no así el monopolio de la imaginación, ése es de todos. Hay que pensar cómo salimos de ésta porque es desgarradora la pérdida humana de los últimos 15 años”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.