Los límites de la política monetaria
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Los límites de la política monetaria

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Los límites de la política monetaria

11/03/2020

La semana pasada, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos decidió recortar el intervalo objetivo para su tasa de política monetaria en medio punto porcentual, para fijarlo en 1.0-1.25 por ciento.

Esta determinación fue peculiar porque ocurrió en una reunión fuera del programa habitual de ocho sesiones para el año, lo que la convirtió en un evento de emergencia. Una situación semejante no se había presentado desde octubre de 2008, unos días después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers.

Además, la decisión fue tomada por unanimidad, lo cual contrasta con las disidencias que, a menudo, han caracterizado las resoluciones del FOMC.

El consenso de los miembros de este Comité se reflejó en el carácter escueto del comunicado de prensa, el cual fundamentó la decisión monetaria en los “riesgos cambiantes” que el coronavirus presenta sobre la actividad económica.

En la conferencia posterior, también más breve que de costumbre, el presidente Powell expresó, entre otros aspectos, la confianza del FOMC de que la acción adoptada proporcionaría un empuje a la economía, en concreto al apoyar el carácter acomodaticio de las condiciones financieras y evitar su apretamiento.

A juzgar por la evolución subsecuente de los mercados financieros, los inversionistas no parecen haber mejorado su visión económica con la medida del Fed.

Por ejemplo, después de una recuperación leve, las bolsas de valores han profundizado el desplome iniciado a mediados de febrero pasado, cuando las noticias sobre la difusión del coronavirus fuera de China empezaron a atraer más atención.

Especialmente notable ha resultado el hecho de que, en ese mismo lapso, las tasas de interés a todos los plazos en Estados Unidos se han reducido significativamente, hasta alcanzar, en su totalidad, niveles inferiores a uno por ciento, lo cual constituye una situación sin precedente.

El aplanamiento de la curva de rendimientos y, sobre todo, sus valores inusitadamente bajos reflejan un incremento de la aversión al riesgo global y un pesimismo generalizado sobre la trayectoria posible de la economía.

¿Por qué la decisión del Fed no parece haber restaurado las perspectivas? La razón de fondo estriba en que, contrario a lo imaginado con frecuencia, la política monetaria no es una varita mágica para resolver todos los problemas económicos.

En particular, las medidas monetarias cuentan con capacidad probada para controlar, a mediano plazo, la inflación.

Además, de forma transitoria, pueden contrarrestar una caída en el gasto privado, mediante recortes en las tasas de interés que faciliten el mayor endeudamiento y aumenten el atractivo de los proyectos de inversión.

Sin embargo, la política monetaria difícilmente puede compensar el impacto de un “choque” de oferta, es decir, de fenómenos que aminoran la capacidad productiva de la economía, como los desastres naturales. Por supuesto, tampoco es posible que compense las deficiencias de otras áreas de gobierno.

Desde el punto de vista económico, el coronavirus ha sido principalmente un choque de oferta, una calamidad que ha implicado cierres de fábricas y establecimientos comerciales, así como restricciones al uso de la mano de obra.

Hasta ahora, la nación más afectada ha sido China. Al ser la segunda economía más grande del mundo, su desaceleración puede frenar severamente el dinamismo económico global.

Además, el coronavirus ha entorpecido las cadenas de suministro y las posibilidades de transporte de las personas y las mercancías, por lo que su impacto internacional puede acrecentarse considerablemente.

En tales circunstancias, la política monetaria puede hacer poco para contrarrestar los efectos económicos del coronavirus. Aun considerando el posible impacto de demanda, una reducción de las tasas de interés no hace que, en este entorno, la gente aumente el turismo o las empresas incrementen la inversión.

La respuesta primaria debería recaer, más bien, en otras funciones de gobierno, entre las que destaca la política fiscal. En concreto, al ser un problema fundamentalmente de salud pública, las autoridades deberían aumentar el gasto público para la adquisición de medios que permitan prevenir el contagio del virus y contener su difusión.

Las secuelas de la propagación del coronavirus sugieren que han aumentado las probabilidades de que la economía mundial caiga en recesión. El gobierno de México debería dar a conocer, cuanto antes, un programa de reducción de riesgos internos de esa epidemia, y corregir el rumbo de la política económica para enfrentar mejor un posible escenario global desfavorable

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.