Las ventajas de la educación temprana
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Las ventajas de la educación temprana

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Las ventajas de la educación temprana

03/04/2019

Los mayores beneficios de la educación se gestan en los primeros años de la infancia. Los programas gubernamentales deberían enfatizar el apoyo al desarrollo temprano de los niños, especialmente de las comunidades pobres.

Desde la época postrevolucionaria, el Estado ha desempeñado un papel determinante en el diseño y la provisión de la educación en México. En términos generales, los esfuerzos se han orientado a buscar la ampliación de la cobertura geográfica y el aumento de la escolaridad.

El arranque ocurrió con la campaña nacional de alfabetización dirigida por el primer titular de la SEP, José Vasconcelos, en los años veinte del siglo pasado. A partir de entonces, las sucesivas administraciones han procurado imprimir su sello en sus programas, con frecuencia, reflejando su orientación política o las novedades de la época.

Las innovaciones han incluido el carácter socialista de la educación durante 1934-1946, la introducción del libro de texto gratuito en los cincuenta y del sistema de educación a distancia en los sesenta, así como el intento de uso de medios digitales durante el presente siglo, entre otras.

Algunas administraciones han buscado consolidar su legado mediante el impulso de modificaciones constitucionales para establecer la obligatoriedad de distintas fases educativas. Así, tomando como base que la Constitución de 1917 estipulaba el compromiso de la educación primaria, este documento añadió la secundaria en 1993, la preescolar en 2002 y la media superior en 2012. El presidente actual planea hacer forzosa la educación superior.

La participación del gobierno en la educación ha rendido indudables frutos, los cuales han sido claros, sobre todo, en el largo plazo. Por ejemplo, según datos de la SEP, de 1921 a 2017 el analfabetismo descendió de casi 70 por ciento a 5 por ciento y la escolaridad promedio aumentó de uno a más de nueve años.

Sin demeritar estos avances, la educación en México adolece de dos grandes problemas. El primero consiste en su baja calidad y efectividad. Ello se confirma en las diferentes pruebas de evaluación escolar. Por ejemplo, en la prueba internacional PISA de 2015, publicada para 69 países, la calificación promedio de México se ubicó en las últimas posiciones, específicamente, la 58 en ciencias, la 55 en matemáticas y la 54 en lectura.

El segundo y más importante inconveniente es que las peores notas corresponden a los alumnos provenientes de las familias de menores ingresos. Esta desventaja representa un severo obstáculo para el progreso de los más pobres.

Las raíces de los rezagos son múltiples, pero una de ellas parece ser la asignación inadecuada de recursos públicos. Mientras que el gasto en educación, como proporción del Producto, es superior al promedio de la OCDE, la mayor parte se destina a erogaciones corrientes, mayoritariamente salarios. Con ello se descuida la infraestructura, en especial de las zonas marginadas.

Además, el gasto por alumno para el nivel superior es tres veces el correspondiente al de la primaria, lo que representa la mayor brecha dentro de la OCDE y podría estar debilitando los fundamentos de la educación y la equidad de oportunidades.

Una causa más de fondo del decepcionante desempeño educativo consiste en la falta de acceso al desarrollo integral de aptitudes en la infancia temprana.

El premio Nobel de Economía, James Heckman, y sus asociados de diversas disciplinas han demostrado empíricamente que la formación de habilidades cognitivas y de carácter, como la atención, el autocontrol, la persistencia y el trabajo en equipo, durante los primeros cinco años de edad, determinan, en gran medida, el coeficiente intelectual, la capacidad de aprendizaje posterior, la productividad y, en última instancia, el éxito de las personas.

Las familias menos favorecidas típicamente no cuentan con esos recursos para compartirlos ni los medios para conseguirlos. Muchos de los problemas sociales en la edad adulta, como la deserción escolar y la delincuencia, se derivan de la falta de apoyo durante la infancia temprana.

Es en esta etapa cuando las intervenciones del Estado pueden obtener los mayores rendimientos de la inversión en capital humano. Tales ganancias son económicamente superiores y más efectivas que las medidas tardías de alivio a la pobreza y sus secuelas.

Convendría que el gobierno de México enfocara sus esfuerzos en materia educativa a fortalecer el acceso de oportunidades para la formación de habilidades en la infancia temprana, especialmente de los más pobres. Esta estrategia generaría los mayores beneficios individuales y sociales.

Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.