Las decisiones difíciles ante la pandemia
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Las decisiones difíciles ante la pandemia

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Las decisiones difíciles ante la pandemia

24/06/2020
Actualización 24/06/2020 - 12:39

Durante 2020, la mayoría de los países ha registrado caídas inusitadamente profundas en la producción. Además, los analistas concuerdan en que la contracción podría prolongarse, ejerciendo un daño significativo en el bienestar social.

Así, por ejemplo, en su más reciente informe de perspectivas, el Banco Mundial estima que la actual recesión podría ser la más grave desde la Segunda Guerra Mundial y la primera desde 1870 en que tantas economías sufrirían una disminución del producto por habitante.

A diferencia de la generalidad de los ciclos en el pasado, el presente freno no ha tenido su origen en causas económicas, como choques en los precios de las materias primas o políticas monetarias y fiscales inadecuadas.

La contracción económica actual se ha derivado de las medidas de los particulares, las instituciones privadas y el gobierno para hacer frente al Covid-19, en la forma de cuarentenas, distanciamiento social y cierres obligatorios de negocios.

Claramente, tales acciones no constituyen una solución al coronavirus, sino una estrategia para contener su contagio y, así, 'ganar tiempo' para que las necesidades de atención médica, especialmente de cuidados intensivos, no sobrepasen la capacidad de los sistemas de salud. El verdadero remedio dependerá de los recursos médicos, como antivirales específicos para aliviar el padecimiento y, especialmente, vacunas para evitar su transmisión.

El conocimiento aún limitado de la forma de operar del virus, las dificultades de mantener el confinamiento y el tiempo que podrían tomar los descubrimientos de erradicación contribuyen a explicar la incertidumbre respecto a la duración y la severidad de la crisis.

Como en cualquier otra decisión, en esta pandemia la sociedad y los responsables de políticas públicas han tenido que enfrentar dilemas, cuya alternativa seleccionada necesariamente ha conllevado 'costos de oportunidad' de la opción sacrificada. Esta es la primera lección de economía: no hay nada gratis.

No obstante, distintas personas que comparten el mismo objetivo pueden discrepar en el valor asignado a las disyuntivas, por lo que la determinación tiende a ser política. Por ello, más que asumir la responsabilidad de la elección, la aportación de la economía es proveer herramientas para ayudar a examinar las implicaciones de las decisiones.

En el caso del coronavirus, las opciones básicas han sido el cierre económico versus continuar con normalidad. La primera ofrece la posibilidad de reducir la incidencia del virus y el número de vidas humanas perdidas, a costa de un desplome atroz de la producción y el empleo. La segunda evita este perjuicio, a costa de sacrificar las bondades en materia de salud.

El enfoque económico para examinar este desafío suele basarse en el análisis de costo-beneficio. Aunque podría sonar poco sensible, esta evaluación ha requerido evaluar las alternativas en términos comparables, o sea, monetarios.

En concreto, los economistas han buscado estimar el valor de la vida, como el monto que la gente está dispuesta a pagar para reducir un poco el riesgo de morir. Ello se basa en observar el comportamiento humano, por ejemplo, la disposición de aceptar trabajos más peligrosos a cambio de un aumento salarial.

Los estudios disponibles sugieren que el costo, en términos de muertes, de dejar que la pandemia siga su curso en un país supera varias veces su PIB anual. Lo anterior podría servir para justificar el cierre temporal de la economía.

Empero, esta encrucijada tiene la obvia limitación de sólo contemplar opciones excluyentes y no combinaciones intermedias. Por ejemplo, no es óptimo socialmente buscar reducir a cero la contaminación porque sería extremadamente costoso.

Lo mismo ocurriría en el manejo de la pandemia. En principio, podría existir una mezcla de las dos alternativas en la que se minimizara su costo total. Ello implicaría enfocarse en medidas dirigidas a la enfermedad, como el rastreo de contagios, las cuarentenas de personas en contacto con contagiados, la aplicación amplia y bien distribuida de pruebas, el distanciamiento social, el uso obligatorio de mascarillas, etcétera.

Al parecer, éste ha sido el secreto de los países asiáticos que han destacado por su éxito en revertir la llamada 'curva epidemiológica', es decir, el número de casos confirmados con la infección.

México no ha logrado contener el contagio y la mencionada curva sigue mostrando un crecimiento exponencial. A pesar de ello, está considerando regresar a las actividades normales. Es indispensable que la desaparición de las cuarentenas generales se sustituya con medidas efectivas que aseguren evitar una catástrofe sanitaria nacional.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y escritor del libro Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.