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Las confusiones sobre las reservas internacionales

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Las confusiones sobre las reservas internacionales

25/11/2020
Actualización 25/11/2020 - 9:51

Uno de los temas que recurrentemente se presta a confusión en el debate público es el referente a la naturaleza y el propósito de las reservas internacionales del Banco de México.

El desatino en la interpretación de las reservas suele ser muy amplio, brindándoles atributos y aplicaciones que no les corresponden, lo cual parece derivarse de su carácter técnico. Un repaso del asunto, de forma simple (supuesto obviamente infundado de economista), es oportuno.

Según la Ley del Banco de México, en términos generales las reservas internacionales son inversiones financieras, de elevada liquidez y calidad, que el Banxico mantiene, en moneda extranjera, con contrapartes en el exterior, con el objeto de apoyar la estabilidad de los precios mediante “la compensación de desequilibrios entre los ingresos y egresos de divisas del país”.

En gran medida, las reservas internacionales del Banco de México se encuentran invertidas en bonos gubernamentales de naciones desarrolladas, cuyo mercado es profundo y su calidad crediticia resulta indiscutible.

Las características descritas son similares a las que rigen a las reservas internacionales de otros bancos centrales. En particular, su existencia permite a la autoridad monetaria intervenir de forma expedita en el mercado cambiario, en caso de ser necesario, para proveer liquidez y atenuar las presiones de tipo de cambio.

En principio, en un régimen cambiario flexible como el prevaleciente en México, las reservas internacionales serían innecesarias, ya que las paridades se determinan libremente por la interacción de la oferta y la demanda de divisas.

Sin embargo, en algunos episodios de estrés financiero, el Banxico ha actuado, por instrucciones de la Comisión de Cambios que es la autoridad en la materia, mediante mecanismos diversos, como las subastas y las ventas directas de dólares a las instituciones bancarias.

Ante la posibilidad de que la volatilidad financiera 'desancle' las expectativas de inflación, tales intervenciones podrían justificarse, entre otras consideraciones, en función del objetivo prioritario de la estabilidad de precios.

Debe subrayarse que las reservas internacionales son propiedad del Banco de México, no del gobierno federal ni del país. Como su razón de ser se deriva de las funciones del Banco Central, carece de sentido pretender asignarles otras tareas.

En particular, en el pasado han surgido algunas iniciativas tendientes a orientar su uso a finalidades ajenas al Banxico, como la inversión en infraestructura o en bonos de Pemex. Tales aplicaciones deben rechazarse no sólo porque se encuentran excluidas legalmente, lo cual, por supuesto, el Congreso podría modificar, sino, sobre todo, porque desvirtuarían el propósito de las reservas.

Por otra parte, algunos observadores piensan que el Banco de México adquiere las divisas en el mercado, lo cual afectaría el tipo de cambio. Si bien en el pasado el Banco Central recurrió a ese mecanismo, generalmente de manera marginal y de acuerdo a reglas preestablecidas, las fuentes comunes de acumulación han sido las compras de dólares a Pemex y al gobierno federal, a precio de mercado. Este control parcial de cambios está establecido en la ley y busca evitar fuertes fluctuaciones cambiarias propiciadas por estas dos grandes entidades.

Así, por ejemplo, de enero a noviembre de 2020, las reservas internacionales han aumentado más de 13 mil millones de dólares, los cuales han provenido, aproximadamente en partes iguales, del gobierno federal, de Pemex y de la revaluación de activos resultante de la caída de las tasas de interés internacionales.

Finalmente, en el imaginario popular, es común que se perciban las reservas internacionales como si fueran una suerte de riqueza neta. Sin embargo, al ser activos, por identidad contable, estas inversiones tienen como contrapartida pasivos de la misma magnitud, es decir, el Banxico se endeuda para adquirirlos.

En noviembre de 2020, aproximadamente la mitad de ese financiamiento es sin costo, en la forma de billetes y monedas, y la otra mitad es con costo. De ahí que las reservas tengan un costo financiero consistente en la diferencia entre las tasas de interés del pasivo en pesos y de la inversión en moneda extranjera, más el riesgo cambiario.

Estos y otros costos deben ponderarse con los beneficios de los activos internacionales, los cuales constituyen una especie de seguro para la provisión de liquidez e intervención ante posibles contingencias de balanza de pagos. Al seguir acumulando reservas, el Banxico implícitamente confirma su convicción de que los beneficios adicionales superan a los costos.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y escritor del libro Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006) .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.