La próxima recesión de Estados Unidos
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La próxima recesión de Estados Unidos

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La próxima recesión de Estados Unidos

06/03/2019
Actualización 06/03/2019 - 11:50

En los meses recientes, un elevado número de economistas ha incorporado en sus pronósticos la posible proximidad de una recesión en Estados Unidos.

Por ejemplo, en su encuesta entre afiliados publicada la semana pasada, la Asociación Nacional de Economía de la Empresa (NABE, por sus siglas en inglés) reveló que el 10 por ciento de los entrevistados estima que ese país entrará en recesión a más tardar a finales de 2019, un 42 por ciento en 2020 y otro 25 por ciento en 2021.

Las recesiones son contracciones generalizadas de la actividad económica, registradas por varios meses, las cuales son precedidas y seguidas por periodos de expansión. La alternancia de mejorías y deterioros de la producción conforma los 'ciclos de negocios' observados en cualquier economía.

Si bien las fluctuaciones económicas representan una regularidad empírica, distan mucho de obedecer a patrones fijos. Ni la duración ni la intensidad de las alzas y los declives son constantes, lo que convierte en único cada ciclo comprendido entre dos picos o entre dos baches sucesivos.

En Estados Unidos, la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus iniciales en inglés) identifica las fechas clave de estas variaciones, una vez ocurridas.

De acuerdo con las definiciones de esa organización académica privada, después de la Segunda Guerra Mundial ha habido once recesiones en aquel país, las cuales han exhibido una gran diversidad.

Si bien la duración media ha sido de casi un año, la recesión más corta se extendió por sólo seis meses, en 1980, mientras que la más larga abarcó año y medio, en 2007-2009.

Asimismo, la caída más profunda del Producto se registró durante la Gran Recesión y fue 17 veces la observada en la más modesta de 2001.

Debe notarse que las recesiones no ocurren porque las fases de auge 'mueran de edad avanzada'. En particular, los periodos de recuperación en Estados Unidos se han ubicado en el intervalo de entre uno y diez años, con una media de casi cinco.

A pesar de esta considerable variedad sin reglas, algunos comentaristas han afirmado que la recesión es inminente, entre otras razones, porque, de no interrumpirse con un descenso, a partir de julio próximo, la actual fase de expansión sería las más prolongada de la historia moderna estadounidense.

No obstante, la ausencia de uniformidad histórica, así como la inusual languidez de la recuperación en marcha contribuyen a desestimar la referencia de tiempo como factor de recesión.

La heterogeneidad de los ciclos económicos hace que la tarea de pronosticar las recesiones sea muy complicada e imposible de llevarla cabo con alguna precisión. La razón principal de la incertidumbre estriba en que no existe una teoría única de sus causas ni, mucho menos, de su caracterización.

A pesar de ello, dos interpretaciones han gozado de fuerte validez empírica. Específicamente, algunas recesiones estadounidenses se han desencadenado a causa de 'choques reales', como fue el caso del embargo petrolero y la consecuente contracción de 1973-1975.

En contraste, otras recesiones han provenido de 'choques monetarios', ya sea de apretamiento para controlar la inflación, como durante 1980-1982, o de relajamiento, el cual ha apoyado la gestación de crisis financieras, como en la Gran Recesión.

Si bien no puede descartarse ninguna de las posibilidades anteriores, la segunda vertiente podría tener un mayor peso actualmente.

En particular, el extraordinario aflojamiento monetario prevaleciente en las economías avanzadas por más de una década pudo haber propiciado desbalances financieros, en la forma de burbujas en los precios de los activos, relajación de las condiciones crediticias y sobreendeudamiento. El eventual ajuste de los excesos podría derivar en recesión.

Algunos indicadores adelantados de deterioro económico parecen estarse conformando. Entre ellos, destaca el relacionado con la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. En concreto, el surgimiento de una pendiente negativa ha precedido cada una de las recesiones desde mediados del siglo pasado, con sólo un falso positivo. Esta condición está cerca de ocurrir.

Una recesión en Estados Unidos tendría efectos adversos sobre México, incluyendo el freno a la actividad económica, dada la estrecha conexión manufacturera entre ambas naciones, y una consecuente caída de los ingresos gubernamentales.

Tal eventualidad representaría una prueba para la prudencia en el manejo de la política económica. México debería prepararse para esa situación mediante medidas que fortalezcan la confianza de los inversionistas e impulsen la eficiencia de la economía.

Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.