La prolongada línea de crédito flexible
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La prolongada línea de crédito flexible

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La prolongada línea de crédito flexible

09/10/2019
Actualización 09/10/2019 - 12:40

Según declaraciones oficiales, México buscará renovar la línea de crédito flexible (LCF) que mantiene con el Fondo Monetario Internacional, la cual expira el 28 de noviembre de 2019, probablemente por un monto de acceso inferior al actual.

La LCF es una facilidad de préstamo que el FMI introdujo en marzo de 2009, como respuesta a la crisis global y a las críticas de muchos observadores sobre la aparente incapacidad de ese organismo para prevenir debacles financieras.

Su principal innovación respecto a las modalidades tradicionales de financiamiento del FMI consiste en que el otorgamiento se basa en una condicionalidad anticipada al surgimiento de posibles problemas, y no posterior a los mismos.

Así, la LCF está diseñada para países que, según la evaluación del FMI, cuenten con fundamentos económicos y marcos de política sólidos, y satisfagan ciertos criterios de desempeño.

El cambio de enfoque en la condicionalidad busca reducir el estigma frecuentemente asociado con las naciones que recurren a la asistencia del FMI para solventar sus problemas de balanza de pagos. Se espera que la LCF ayude a prevenir o mitigar posibles crisis y promueva la confianza de los inversionistas en periodos de agudización de riesgos.

Este producto funciona como una línea con duración de uno o dos años, renovable, cuyos retiros pueden establecerse para un periodo determinado o dejarse como una opción precautoria, para la cual se cobra una comisión de compromiso. En el caso de acceso al crédito, la tasa de interés aumenta con la cantidad y el tiempo de vigencia del préstamo, a fin de desalentar el uso considerable y prolongado de recursos.

Llama la atención que, a pesar de sus bondades, la LCF exhiba una escasa demanda particularmente de aquellos países que claramente califican como candidatos. A poco más de diez años desde su creación, solamente México, Colombia y Polonia han participado en este tipo de arreglo.

Las tres naciones iniciaron su uso en 2009. México y Colombia han renovado la LCF en sucesivos acuerdos hasta la fecha, mientras que Polonia lo hizo hasta su salida adelantada en noviembre de 2017. Los arreglos de los tres países han sido de índole precautoria y ninguno ha retirado recursos de esta facilidad.

En estos términos, la LCF difícilmente puede ser considerada un éxito. Su limitada aceptación podría obedecer a varios factores, entre los que sobresalen tres.

Primero, no puede descartarse que el uso de este producto se interprete como una señal de fragilidad económica, más que de fortaleza. Ello lo ilustra la salida de Polonia una vez confirmada su mayor solidez financiera, así como la intención del FMI de que sea un mecanismo temporal de uso decreciente por país.

Segundo, posiblemente las economías que mejor califican para la LCF son las que menos la necesitan, y viceversa. Una razón de ello consiste en que los criterios de aceptación suelen ya estar reflejados en condiciones favorables de acceso a los mercados financieros, beneficio que busca proporcionar ese instrumento.

Además, muchos países cuentan con abundantes reservas internacionales. Esta acumulación ha sido un fenómeno primordialmente impulsado por las economías asiáticas después de la crisis de 1997-1998, que ha conducido, en algunos casos, a niveles excesivos.

Con frecuencia, los activos internacionales implican un elevado costo de acarreo al fondearse a tasas superiores a las obtenidas de su inversión. No obstante, estos acervos suelen ser percibidos como un indicador de fortaleza superior a la disponibilidad de un empréstito.

Tercero, es posible que la LCF compita, en parte, con facilidades de financiamiento alternativo a ser utilizadas en situaciones de emergencia. Tal es el caso de las líneas bilaterales de intercambio temporal (swaps) de monedas entre bancos centrales que sirvieron de herramienta para la estabilización de los mercados internacionales en la crisis financiera global.

Al parecer, México ha usado la LCF como señal de disponibilidad de recursos complementarios a las reservas internacionales del Banco Central, reconociendo implícitamente la insuficiencia de éstas para hacer frente a posibles crisis. A lo largo del tiempo, ha incrementado su monto de acceso, alcanzando un máximo en la renovación de mayo de 2016 ante la incertidumbre derivada del cambio de gobierno en Estados Unidos.

Es oportuno que México reduzca el monto de la LCF adicionalmente a la disminución acordada en noviembre de 2018. Con ello el país confirmaría el grado de solidez de sus propios fundamentos, lo que podría complementarse con reformas internas que impulsen la confianza de los inversionistas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.