La profundización inicial de la caída económica
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La profundización inicial de la caída económica

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La profundización inicial de la caída económica

06/05/2020
Actualización 06/05/2020 - 14:14

Según la estimación oportuna del Inegi, durante el primer trimestre de 2020 el PIB de México registró un descenso, ajustado por estacionalidad, de 1.6 por ciento. Este detrimento es preocupante, al menos, por tres razones.

Primero, se trata de la caída más severa de la actividad económica desde el segundo trimestre de 2009. La contracción fue amplia ya que abarcó tanto a las actividades secundarias como las terciarias, las cuales se contrajeron 1.4 por ciento durante el periodo.

Segundo, el reciente deterioro no representa un cambio de dirección en la tendencia del Producto, sino la profundización del estancamiento y posterior declive observado desde el segundo trimestre de 2018.

Específicamente, con la última disminución, la economía de México exhibió cinco trimestres consecutivos de variación negativa del PIB. Esta evolución contiene, a su vez, ocho trimestres seguidos de caída en la producción industrial y la atonía del sector servicios durante 2019.

Especialmente adverso resulta el hecho de que el desplome económico durante 2020 implica un menoscabo en el ingreso por habitante, el cual se añade al registrado durante el año pasado.

Aunque algunos factores externos como la desaceleración industrial de Estados Unidos podrían haber influido, la decepcionante trayectoria parece obedecer primordialmente a la política económica de la presente administración, que ha exacerbado la incertidumbre jurídica y creado un ambiente adverso a la inversión productiva.

Tercero, la menor producción durante el primer trimestre refleja, de forma apenas incipiente, el impacto económico del coronavirus. En México y en la mayor parte del mundo, con la notable excepción de China, las medidas de distanciamiento social, confinamiento y cierre de actividades económicas 'no esenciales' se iniciaron durante marzo.

Si bien algunos impactos globales del Covid-19, como el aumento en la aversión al riesgo y la volatilidad financiera, empezaron antes, las referidas acciones afectaron, de forma clara, la actividad económica del país en menos de la tercera parte del primer trimestre.

Así, la reducción en enero y febrero observada en el IGAE, el cual representa una aproximación de lo que sería el PIB mensual, responde, en gran medida, a factores diferentes a la pandemia.

La gravedad de la tendencia declinante de la producción en México adquiere una dimensión más aguda si se compara con la evolución económica de Estados Unidos, principal socio comercial de nuestro país.

Desde la segunda mitad de 2009, la economía estadounidense experimentó la expansión más prologada de su historia, la cual incluyó en 2019 un dinamismo anual de 2.4 puntos porcentuales superior al de México.

Esta trayectoria se vio interrumpida con una caída del PIB durante los primeros tres meses del presente año, la cual fue la primera reducción trimestral en seis años y, como en México, la más honda desde 2009. Sin embargo, este descenso resultó menos severo que el de nuestro país en 1.3 puntos porcentuales, en términos anualizados.

Es indudable que las medidas para enfrentar el coronavirus tendrán un impacto más serio durante el segundo trimestre, en la forma de mayores descensos en la actividad productiva y el empleo, posibles cierres y quiebras de empresas y consiguientes presiones sobre el nivel de vida, especialmente en los segmentos de la población de menores ingresos.

Por desgracia, las secuelas económicas de la enfermedad podrían prolongarse por más tiempo. La duración incierta refleja la dificultad de predecir su persistencia y el eventual descubrimiento de medicamentos para su erradicación, así como la confianza del público para regresar a la 'normalidad' una vez que se empiecen a relajar las precauciones.

México ha enfrentado la situación con dos fragilidades económicas significativas. Por una parte, el malestar lo ha sorprendido dentro de una tendencia de debilitamiento de la economía, cuyos detonantes internos siguen en aumento y su corrección no aparece en el horizonte.

Por otra parte, el gobierno federal no ha presentado un programa coherente para enfrentar la emergencia de forma eficaz. En particular, se desconoce la existencia de un plan convincente en materia de gasto en salud para atender una posible agudización de la pandemia, mientras que las medidas anunciadas para atenuar las afectaciones económicas y sociales, sobre todo en la población más pobre, parecen escasas y opacas.

Es urgente que el gobierno federal propicie un entorno de seguridad y equidad jurídica a los negocios y, además, anuncie una estrategia creíble para contrarrestar los efectos del Covid-19. El tiempo no está de su lado.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y escritor del libro Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006) .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.