Razones y Proporciones

El desabasto de medicinas

Las medidas que han dado origen al desabasto de medicinas reflejan que el gobierno subestima el valor que aportan los particulares en los distintos segmentos de la industria.

En años recientes se ha incrementado significativamente el desabasto de medicamentos por parte de las instituciones de salud pública, lo cual ha aquejado a amplios segmentos de la población en México.

Aunque no se cuenta con estadísticas oficiales, diversas fuentes confirman el fenómeno. La información más sistemática proviene del colectivo Cero Desabasto, que integra un gran número de organizaciones sociales.

Cada cuatrimestre desde 2019, esta agrupación ha publicado un mapeo del desabasto de medicinas, vacunas o material de curación, con base en los señalamientos que, de forma anónima, realiza el público, principalmente en una plataforma digital diseñada para este propósito. En su mayoría, los denunciantes son pacientes y familiares afectados y, en una menor proporción, trabajadores de la salud.

Si bien la tendencia ascendente en el número de quejas recibidas no necesariamente refleja un empeoramiento de la realidad, ya que la participación ha dependido, en algún grado, de la difusión de la plataforma, ciertos datos llaman la atención.

Las denuncias han provenido de todas las entidades federativas del país, lo cual sugiere que el problema es nacional y no exclusivo de ciertas localidades. Como era de esperarse por el tamaño de la población derechohabiente, el mayor número de reportes ha involucrado, en orden descendente, al IMSS, ISSSTE, Insabi y otras instituciones.

De manera casi regular, el principal padecimiento desatendido ha sido el cáncer, seguido de la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las enfermedades reumatológicas, la salud mental y otras patologías.

Con el fin de complementar los mapeos con datos ‘duros’, este colectivo ha elaborado un informe sobre el desabasto de medicamentos, correspondiente a 2019 y 2020, a partir de requerimientos a las instituciones de salud en la Plataforma Nacional de Transparencia.

Dentro del contenido del informe, destacan dos trayectorias desfavorables. Por una parte, de 2019 a 2020 el número de consultas otorgadas por el sistema a pacientes no-COVID se redujo 52 por ciento.

Por otra, desde octubre de 2019 se registró un incremento sustancial de recetas no surtidas, principalmente en el IMSS. La falta de suministro de medicinas ocurrió a pesar de que las atenciones de salud se contrajeron.

En términos generales, el desabasto se ha derivado de los cambios en los procesos de adquisición y distribución de medicamentos e insumos médicos que ha implantado el gobierno federal desde 2019.

El viraje se ha basado en la convicción presidencial de que, en el pasado, los participantes en la cadena de suministro de medicinas, incluyendo fabricantes y distribuidores, ejercían un poder ‘monopólico’ para enriquecerse de forma excesiva e ilegítima. La orientación gubernamental ha consistido en buscar una mayor participación directa del Estado, eliminando intermediarios, con la pretensión de combatir la corrupción y obtener ahorros.

Entre otros, los cambios han incluido la transferencia de la función centralizada de adquisiciones del IMSS a la SHCP; la clausura de plantas de un laboratorio que proveía la mayor parte de los medicamentos oncológicos, por faltas administrativas; la menor participación de licitaciones públicas a favor de adjudicaciones directas; la coordinación de compras internacionales por parte del Insabi con apoyo de la ONU, y la autorización a las diferentes instituciones de conseguir, por cuenta propia, las medicinas ante las insuficientes adquisiciones internacionales.

Además, el gobierno ha inhabilitado y vetado a distribuidores de medicamentos, con el objetivo de sustituirlos con una agencia propia de repartición, función que asignó a los laboratorios Birmex, de participación estatal mayoritaria. A partir de 2022, esta empresa tiene la responsabilidad de la distribución de medicinas a nivel nacional mediante las Fuerzas Armadas.

El resultado ha sido la improvisación y el desorden en el suministro de medicamentos, con un elevado costo para la sociedad. El desabasto ha propiciado el deterioro de la salud y hasta el fallecimiento de muchas personas. Los beneficios perseguidos no son claros, al haber aumentado la opacidad de las operaciones y confundirse los ahorros con la contención del gasto en salud.

Las medidas que han dado origen al desabasto de medicinas reflejan la subestimación gubernamental acerca del valor que aportan los particulares en los distintos segmentos de la industria. La mayor eficiencia en la atención de la salud se logra con la eliminación de barreras a la competencia entre proveedores, no con la monopolización de tareas empresariales por parte del Estado.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

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