El PIB me da risa
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El PIB me da risa

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El PIB me da risa

12/05/2020
Actualización 13/05/2020 - 13:31

"El dinero no es lo primero, pero sí lo segundo": Anónimo

El pasado 6 de mayo, durante su habitual monólogo matutino, el presidente López Obrador dijo que los términos "crecimiento y Producto Interno Bruto (PIB)" ya deben entrar en desuso. "Hay que buscar nuevos conceptos", señaló. Un colega economista comentaba "¿por qué al presidente le da risa cada vez que menciona la palabra 'bruto'?” Seguramente el doble sentido del vocablo le causa gracia. Sin embargo, dejar de medir cosas importantes no debería ser tema de risa. Me explico.

El PIB es un concepto de Simón Kuznets, un economista ruso-estadounidense. El sistema de contabilidad que hoy usan la mayoría de los países está construido con base en su trabajo. Kuznets ganó el Premio Nobel de Economía en 1971 y contribuyó al estudio de la relación entre el crecimiento y la distribución del ingreso. De hecho, le preocupaba que los economistas usaran de manera intercambiable los conceptos de crecimiento económico y de bienestar social.

A pesar de todo lo que no mide el PIB, el concepto es sencillo y útil: es la suma del valor de todos los bienes y servicios que produce una economía en un periodo dado, normalmente un año. Este indicador permite medir el costo de los factores usados para producir y el valor que agregan los distintos sectores y empresas a la economía. Nos ayuda a identificar, por ejemplo, si un sector como el de refinación de derivados del petróleo agrega valor a la economía o si es una fuente de preocupación porque destruye valor.

A través de la información del PIB sabemos si ahorramos e invertimos lo suficiente y cuánto podemos consumir. La información desagregada del PIB le permite a la autoridad fiscal conocer qué sectores pagan impuestos. En una etapa de recesión como la que vivimos, el PIB revela los sectores y regiones más afectados y da claves para que las políticas públicas ayuden a enfrentar la crisis.

Los economistas no medimos solamente el PIB, también muchas otras variables que ayudan a entender mejor el bienestar de las familias y la salud de las empresas.

El Índice de Competitividad Internacional del IMCO contiene muchos indicadores, más allá del PIB, útiles para la administración pública. Aquí van algunos de los que deberíamos estar hablando más en estos días:

-Según el Banco Mundial, en México, en 2017 el 40 por ciento de los gastos médicos los pagaron directamente los hogares. El promedio de los 43 países del índice del IMCO es de 25 por ciento. En países más pobres que México, como Colombia y Perú, este porcentaje es de 19 por ciento y 30 por ciento, respectivamente.

-El Banco Mundial también señala que en 1990, México tenía una cama de hospital por cada mil habitantes. En 2015, el número era 1.5. En 1990, China tenía 2.6 camas por cada mil personas y en 2012 ya tenía 4.2, un 61 por ciento más.

-La misma fuente indica que la eficiencia energética de México, es decir, cuánta energía gastamos para producir, medida a través del uso de petróleo (en kilogramos equivalentes) por cada mil dólares de PIB, es 87. Turquía, un país de ingresos medios como México, usa 69.

-La OCDE muestra que antes de que el gobierno gaste y haga transferencias, la distribución del ingreso en México y en Australia es muy parecida, con un índice de Gini de 0.47 y 0.45, respectivamente. Después de que el gobierno gasta, Australia corrige significativamente su desigualdad: el índice de Gini baja a 0.32, una mejoría de 29 por ciento. Mientras, en México después de que el gobierno gasta el Gini es de 0.45. Apenas mejora 4 por ciento.

-La calidad educativa en México, medida por la prueba PISA de la OCDE, es de 416/1000. El promedio de los 43 países que el IMCO [mide] es de 464, según su índice internacional. Corea del Sur tiene 521, lo que explica su crecimiento y desarrollo en los últimos 30 años.

-En la administración de Peña Nieto, el 81 por ciento de los contratos se asignaron por adjudicación directa, el 6 por ciento por invitación restringida y el 13 por ciento por licitación pública, según CompraNet. En el periodo de López Obrador, el 80 por ciento de los contratos se ha asignado por adjudicación directa, el 7 por ciento por invitación restringida y el 13 por ciento por licitación pública. El cambio en las adjudicaciones directas (1 por ciento) no es tan grande como para declarar el fin de la corrupción.

-El Foro Económico Mundial estima que la carga fiscal en México, como porcentaje de las utilidades, es de 52 por ciento. El promedio de 43 países en el índice del IMCO es de 45.1 por ciento. En Suecia, la carga fiscal es de 49 por ciento.

En el IMCO tenemos estos y más indicadores a nivel país, estado y ciudad. Asómese, presidente.

Manuel J. Molano es director general del @IMCOmx.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.