Crónica de un comercio anunciado
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Crónica de un comercio anunciado

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Crónica de un comercio anunciado

08/07/2020
Actualización 08/07/2020 - 15:19

"Los más grandes perdedores en el comercio internacional son aquellas personas cuyas capacidades se venden más barato en un mercado distinto". Gita Gopinath.

El crecimiento anualizado de las importaciones es una variable útil para pronosticar el crecimiento de la economía global. Un análisis econométrico muy sencillo determina que este año la economía global disminuirá su tamaño entre 2 y 7 por ciento si se cumple la estimación de la Organización Mundial del Comercio de reducción del comercio global en 32 por ciento. Si el comercio global cae 50 por ciento, la economía global caerá casi 16 por ciento en este 2020.

Este mismo análisis, con la misma fuente, con los mismos parámetros, no determina qué va a pasar con el PIB de los países. Hay países que dependen menos de las cadenas globales de valor u otros que tienen macroregiones globales en sí mismas, y que pueden sustituir comercio internacional con comercio interno.

En el comercio, a veces se gana y a veces se pierde. Quien tiene las ventajas comparativas suele ganar; quien no trabaja en mejorar su productividad, reducir costos, innovar y entregarle valor al consumidor, pierde. Lo que es un hecho es que ninguna familia, empresa, ciudad, región o país puede vivir en la autarquía. Erick Beinhocker, en su libro La creación de la riqueza, compara dos tribus, la que vive en Nueva York, con una comunidad aislada en la amazonia venezolana. En la segunda comunidad, la persona más rica tiene 240 artículos diferentes de consumo, mientras en Nueva York, la gente común tiene acceso a millones de artículos de consumo distintos.

Por eso comerciamos: para importar lo que no producimos. Tratar de producir todo lo que consumimos es absolutamente inviable; una garantía de miseria. La competencia comercial brinda precios bajos que permiten que más familias y empresas ahorren, y ello crea oportunidades de inversión mucho más diversas para todos.

En un país proteccionista, solamente los monopolistas pueden guardar una porción de sus utilidades e invertir. En un país abierto al comercio global, las oportunidades de inversión suelen estar al alcance de cualquiera. En la crisis actual, muchas familias del mundo desarrollado pueden aguantar sin trabajar gracias a inversiones que han podido hacer a lo largo de su vida.

México podría ser mucho más abierto al comercio global. Nuestra experiencia de apertura comercial es reciente: solamente los últimos 34 años desde que México entró al Acuerdo General de Aranceles y Comercio en 1986 (GATT, por sus siglas en inglés). Ahí, nuestras exportaciones a Estados Unidos aumentaron, y por eso Estados Unidos quiso firmar un tratado comercial con nosotros: de esa forma podrían vendernos tecnología e insumos.

En algún momento, Estados Unidos se dio cuenta que la capacidad productiva de México no era suficiente para abastecer su mercado. China estaba regresando al comercio global, y desde el inicio de este siglo, China y México se han disputado el comercio con Estados Unidos.

Hoy en día, Estados Unidos ha llegado a la conclusión de que China es un riesgo geopolítico, y que es necesario condicionar las relaciones comerciales con ese país. Las telecomunicaciones de la siguiente generación son motivo de discordia entre ambos. También, la apertura del mercado chino para inversiones, la convertibilidad de su moneda (el renminbi), los derechos de propiedad intelectual y las libertades políticas se citan como cosas que tienen que cambiar en China para que Estados Unidos recupere la confianza.

El T-MEC incluye provisiones para las compras públicas, cláusulas anticorrupción y mecanismos de gobernanza conjunta. Es posible que le ponga un techo al crecimiento de industrias como la automotriz. T-MEC es un TLCAN adicionado y mejorado, porque tomó lo mejor del TLCAN y de la difunta Alianza Transpacífica. Hay que aprovecharlo.

Aún así, la parte faltante en la ecuación es China. Norteamérica ha perdido competitividad. Estados Unidos ha mantenido rigideces en su mercado laboral y ha encarecido la producción en ese país. El proteccionismo estadounidense logró destruir muchas ventajas del TLCAN. La renuencia mexicana por desarrollarnos, invertir correctamente, y construir un país donde se promulguen leyes que conduzcan al desarrollo y se respeten, no ha ayudado a alcanzar la convergencia con EU y Canadá. Nunca desperdiciamos la oportunidad de desperdiciar una oportunidad. Por eso no pudimos desarrollar a muchas regiones de México a partir del TLCAN. Ojalá lo hagamos distinto con el T-MEC. Ojalá los presidentes platicaran de esto. Ojalá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.