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Aprobado por Friedman (II)

Los gobiernos “neoliberales” del PRI y PAN, no cumplieron con lo que Milton Friedman hubiera esperado, porque no redujeron al Estado.

"Nunca me he caracterizado como un economista conservador. El conservador trata de dejar las cosas como están. Los conservadores están a favor de un gobierno más grande. A mi me gustaría desmantelarlo". Milton Friedman, "Vivir dentro de nuestras posibilidades", entrevista con Richard Heffner en "The Open Mind", 7 de diciembre de 1975, https://is.gd/YH2LML.

El título de esta columna se inició con la intervención del presidente de la República ante el G20 el mes pasado. Hoy tratamos de argumentar con datos si de verdad este es un gobierno neoliberal. El gasto público indica que no.

De hecho, los regímenes anteriores tenían algo anti-conservador, anti-neoliberal; lo escuchamos muchas veces de la boca de militantes del PRI, del PAN, de funcionarios. Querían entregarle más recursos al sector público para desarrollar el país.

Esta noción de un Estado cuya huella crece en la economía horrorizaba a Friedman. El Dr. Pedro Aspe, en su libro "La Transformación Económica de México", a inicios de los 90, blandía ideas friedmanianas, como la privatización de activos del gobierno. El Estado no tenía nada que hacer produciendo acero, o administrando los teléfonos o los bancos.

En esa época la discusión global, detonada por la perestroika, era la ineficiencia de los activos en poder del sector público en países emblemáticos, como Inglaterra o Francia, y por ahí se fue México. A favor de la privatización: era necesario que el Estado vendiera activos, que liquidara deuda pública, y que la eficiencia privada mejorara el desempeño de las empresas.

Como decía una canción de Julio Iglesias, a veces sí, a veces no. Los teléfonos se volvieron mucho más eficientes. Claro, la gente se quejaba del precio, y vinieron otras reformas para hacer a esa industria competitiva, pero su sindicato, que volaba para ser radioactivo políticamente como el SNTE o el de Pemex, se volvió un ejemplo de sindicalismo que elevó la productividad. Vendimos otras cosas, pequeñas como los fertilizantes y enormes como los bancos, y tuvimos experiencias buenas, malas, y peores de privatización.

Hay otras maneras de medir la huella del sector público, como el gasto público como porcentaje del PIB. La base de datos del Monitor Fiscal del FMI lo compila como proporción del producto desde 1991. En 1991, era 21.3% del PIB. El presidente Zedillo lo toma en 1994 en 19.9% del PIB, y lo deja en 20.3% en el año 2000. El presidente Fox lo entrega al presidente Calderón en 22.5%, en 2006. El presidente Calderón se lo da al presidente Peña en 28.2%, en 2012. En ese sexenio, el crecimiento del gasto fue desproporcional. El presidente Peña lo remite al presidente López en 25.6%.

En 2019, el gasto público como porcentaje del PIB era 26.43%. El FMI estima que en 2020 será 30.2% del PIB. El PIB se está haciendo pequeño, el gasto sigue creciendo. Poniéndolo en lenguaje ciudadano: al final de la administración de Peña, trabajábamos de enero a marzo para pagar nuestros aparatos federal, estatal y municipal. Hoy tenemos que hacerlo de enero a abril.

Pongamos este número en perspectiva. En 27 años, durante el período neoliberal, el gasto público creció 0.7% en promedio al año. No desmantelamos el gobierno, como hubiera querido Milton, pero no estuvo mal para una economía que crecía en promedio al 2.5% por año.

En 2 años, en este gobierno, el gasto público ha crecido al 8.5% anual. Con la contracción de la economía, estamos en un momento de extrema fragilidad fiscal. Solamente hay tres maneras en que la ecuación fiscal se resuelva: menor gasto, mayores impuestos, mayor deuda, o una combinación de las tres.

La deuda crece como porcentaje del PIB, aunque no contratemos deuda nueva, por la contracción del producto. La recaudación como proporción del PIB también se está haciendo grande, porque la meta del SAT se mide en pesos y centavos del presupuesto, no en puntos del PIB.

Los gobiernos "neoliberales" del PRI y PAN, no cumplieron con lo que Milton Friedman hubiera esperado, porque no redujeron al Estado. El gobierno del primer morenista, está gastando por encima de las posibilidades del país. Es momento de gastar menos en inversiones faraónicas, menos en burocracias inservibles, y dar espacio a empresas y familias, quienes pueden reactivar la economía. El dilema no es que el gobierno dé dinero a las empresas o a las familias. Las empresas y las familias ya no debemos darle más recursos a un Estado que no resuelve problemas, pequeños y grandes, del país.

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