Costo de oportunidad

El destino nos alcanzó

Sin ajuste fiscal, la deuda pública de México podría llegar a 90 por ciento del PIB, eso si no nos fallan el crecimiento, la recaudación o las tasas de interés.

Hace unos días, el economista Carlos Ramírez Fuentes, socio de Integralia y expresidente de Consar, publicó una gráfica en la plataforma X, con datos del Fondo Monetario Internacional. Muestra que la brecha entre lo que ingresa y lo que gasta el gobierno se está ampliando. En 2017, el gobierno de México gastaba 25 puntos porcentuales del ingreso nacional y recaudaba 24. Hoy recauda 24.4, y gasta 30.3 por ciento, es decir, de acuerdo a estas cifras, el déficit público, que era de un punto del PIB, es hoy casi de seis.

Claudia Sheinbaum le dijo en entrevista a Enrique Quintana, de este su periódico El Financiero, que quería que el secretario Ramírez de la O repitiera en el cargo. A lo mejor, no quiere que se lleve la receta secreta para financiar ese déficit.

El propio Rogelio Ramírez de la O ha dicho que, en los próximos años, no habrá obras emblemáticas, y que el déficit se absorberá rápidamente. Qué bueno que eso opina el secretario; pero su trabajo no es ser optimista; es ser realista. Me imagino que el optimismo del secretario no incluye inversiones mínimas en agua y electricidad. Supongamos que hay capital privado para todo eso, y espacio en el corazón de la próxima presidenta para vivir con esa mella en la soberanía nacional. Aún así, los gastos nos comerán vivos.

Seguramente otros economistas, incluso algunos menos ortodoxos que Ramírez Fuentes y un servidor, estarán de acuerdo en que un déficit del 6 por ciento del PIB por año, en un entorno de tasas altas, es muy alto. Pero, Ramírez de la O seguramente ya planteó algunos escenarios de solución. Déjeme, querido lector, aventurar uno propio. Digamos que logran un punto del PIB adicional de recaudación por año en los siguientes seis años, y van cerrando el déficit. ¿Cómo van a financiar la deuda actual?

Aún llegando a 2030 con déficit cero, acumularemos 19 por ciento del PIB en deuda, suponiendo un interés modesto en el financiamiento del período de ajuste. La deuda del Estado mexicano hoy es alrededor del 46 por ciento del PIB, casi 15 billones de pesos. Suponiendo que se mantiene constante el costo de esa deuda, pagaremos cerca de 1.25 billones de pesos anuales en su mantenimiento. Eso será como un 4 por ciento del PIB por año; en seis años del sexenio, si el costo de deuda se nos suma al capital que ya debemos, puede llegar a 24 por ciento del PIB.

Si Sheinbaum, o Gálvez, quieren mantener el gasto público constante en los próximos seis años, tendrán que pedir prestado para el déficit e interés sobre deuda. ¿Cuánto? Pues bajita la mano, 43 puntos adicionales del PIB; consistentes en 19 de financiamiento del déficit, y 24 para pagar intereses.

Entonces, sin ajuste fiscal, la deuda pública de México podría llegar a 90 por ciento del PIB, eso si no nos fallan el crecimiento, la recaudación o las tasas de interés. Si no ajustan el déficit, el número puede estar más cerca de 122 por ciento del PIB, porque financiar seis puntos de déficit durante seis años, a un bajo interés del 6 por ciento, cuesta 51 por ciento del PIB; no 19, como ocurriría con un plan de ajuste sexenal.

Ojalá la idea de no hacer más obras emblemáticas sea una promesa de campaña y de verdad no nos aventemos otra refinería o tren. Sin embargo, necesitaremos inversiones públicas. En la próxima administración habrá que invertir en agua y electricidad. Necesitaremos dinero para los pendientes eternos: salud, seguridad y educación. Bajo supuestos razonables, las inversiones necesarias para el mejoramiento de las instituciones nacionales, de acuerdo con un libro reciente en el que participé llamado Con la mirada hacia adelante, requieren entre 9 y 11 puntos del PIB.

Si esas mejoras institucionales las cargamos a la deuda nacional, entonces la deuda al final del sexenio 2024-2030 podría llegar a 99 y hasta 133 puntos del PIB, dependiendo de qué tanto reduzcan el déficit. Y eso, sin hablar de la presión adicional que las pensiones tendrán en las finanzas públicas. Si pensamos en que el pago de obligaciones de pensiones requerirá, en todo el sexenio, mínimo otros 5 a 7 puntos del producto, y también lo financiamos con deuda, entonces la deuda nacional puede tocar entre 104 y 140 por ciento del PIB.

México necesita una reforma fiscal. No solamente que aumente la recaudación; tiene que reducir el gasto y hacer eficiente al gobierno. Si en las campañas no se habla de esto, entonces las candidatas no pueden llamarse a sorpresa cuando no haya un peso y la gente esté enojada después del 2 de junio.

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