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Turismo

02/04/2019
Actualización 02/04/2019 - 11:11

En el esfuerzo de construir un índice de integración global para las entidades federativas, estuve buscando información turística, pero no parece existir. Lo mejor que encontré, le comentaba ayer, fue un indicador de noches-turista que construyó la Sectur, para cada entidad federativa. Lo han hecho desde los años noventa, según parece, aunque hay años sin datos para algunas entidades, y en el caso de Tlaxcala no se puede bajar el archivo. Detalles.

Tomé datos para 2007 y 2017, de forma que pudiera comparar lo ocurrido en cada entidad con las visitas de extranjeros. Los resultados son interesantes. En 2007, ocurrieron cerca de 60 millones de turistas-noche, mientras que para 2017 casi llegaron a 90 millones. El crecimiento anual promedio fue de 4 por ciento, que no es nada malo. Hay, sin embargo, gran variación por entidad. Los mayores crecimientos ocurrieron en Aguascalientes y en Puebla, 16 y 10 por ciento, respectivamente. Muy probable que en Aguascalientes el impacto de los viajeros de negocios sea significativo, porque en ese periodo la entidad ha multiplicado su presencia en exportación de vehículos. En Puebla ese movimiento ha sido menor, de forma que el turismo de placer puede explicar parte del crecimiento.

Las mayores caídas ocurrieron en Sonora y Veracruz (15 por ciento de caída) y Durango (12 por ciento). Este último era el más pequeño, y ahora lo es más todavía: apenas 5 mil turistas-noche de procedencia extranjera durante 2017.

En términos de volumen, la entidad más importante es Quintana Roo, que representa más de la mitad del turismo: 53 millones, de los 90 que hay en todo el territorio. Muy lejos queda Baja Sur, en segundo lugar, con nueve millones, y con cinco millones cada una, Nayarit y la Ciudad de México. Con poco menos de eso, está Jalisco. Me sorprendió mucho que el estado que sigue es Sinaloa, con 2.2 millones de turistas-noche.

Caso trágico, Guerrero, que pasó de 1.3 millones a 0.7, entre 2007 y 2017, a pesar de contar con el lugar más representativo del turismo por décadas, Acapulco. Algo similar le pasa a Colima, que tenía 225 mil turistas-noche en 2007 y ahora apenas pasa de 100 mil.

Entidades que pueden ofrecer un turismo más allá de sol y playa no parecen tener mucho éxito. Chiapas pasa de 689 mil a 534 mil turistas-noche en esos diez años, y Oaxaca, aunque crece, no lo hace a gran ritmo, y apenas llega a 820 mil en 2017.

De forma general, el turismo se ha concentrado mucho en Quintana Roo. De los 30 millones de turistas-noche adicionales en los diez años que comentamos, 22 millones se fueron hacia allá. Otros seis millones se dirigieron, casi en partes iguales, a Baja Sur y Nayarit. Puesto más claro: el turismo extranjero en México está yendo a las extraordinarias playas que tenemos en esas entidades, pero nada más. Es muy probable que todo el resto del crecimiento esté asociado a turismo de negocios, en entidades que tienen importancia en exportaciones, porque ni siquiera van a Ciudad de México, que ha pasado de 5.3 a 5.2 millones de turistas-noche.

Preguntas: ¿Cuál será el impacto del estancamiento del aeropuerto de la Ciudad de México? ¿En qué afectará el tren maya al turismo de la península (recuerde: 53 millones a QR, un millón entre Campeche y Yucatán)? ¿De qué tamaño es el impacto de la seguridad en la caída de turismo en Michoacán, Sonora, Veracruz, y el estancamiento en Oaxaca?

Tal vez sean temas interesantes para analizar, antes de que las decisiones resulten aún más costosas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.