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22/11/2018

Enrique Quintana comentaba el martes acerca del costo que han tenido las decisiones del nuevo gobierno, comparando niveles en Bolsa de valores, tipo de cambio y tasa de interés de referencia, en los dos meses que han transcurrido desde que los triunfadores de la elección se dieron cuenta de su victoria y empezaron a actuar. Le faltó incluir el bono a mediano plazo del país, que en ese tiempo ha sufrido un incremento de 150 pb en su tasa, para llegar a 9.2 por ciento. Puesto que en ese lapso no ha habido un movimiento relevante en los bonos equivalentes en Estados Unidos, eso significa un aumento en el riesgo país de más del 25 por ciento (122/486 pb al 1 de octubre pasado).

También el martes, José Woldenberg comentó en su espacio en El Universal, al que tituló 'Por mis pistolas', acerca de las consultas que está organizando el nuevo gobierno. Dice que lo que ocurre es que con la excusa de representar a un sujeto moralmente superior (el pueblo) y de apuntar a un futuro promisorio (la cuarta transformación), lo que vemos es autoritarismo disfrazado de participación popular.

El día anterior, Alejandro Hope pedía en su espacio “No maten a la Policía Federal”, argumentando que la idea de la Guardia Nacional puede no funcionar como se espera, mientras se destruye una opción que ha tenido bastante buen desempeño, considerando las dificultades que ha enfrentado.

Ese mismo lunes, Jesús Silva-Herzog veía “algunas señales” de incapacidad administrativa con campaña permanente, debido a que, con todo y la popularidad y legitimidad de López Obrador, no cuenta ni con una organización política real ni con un equipo experimentado.

Cuatro expertos, en economía y finanzas, democracia, seguridad y entorno político, perciben en su ámbito de análisis importantes riesgos. El primero, aunque ayer mismo aclaró que no se espera una crisis en 2019, hace notar desbalances que no existían hace pocos meses; el segundo, tentación autoritaria; el tercero, deficiencias en estrategia de seguridad, que destruye lo que hay; el cuarto, el desorden generalizado a quince días del inicio de la nueva administración.

Sin embargo, y esto debe ser claro, entre el 66 y el 75 por ciento de los mexicanos sigue creyendo que vamos rumbo a la resolución de los problemas económicos, políticos y de seguridad, en menos de un año. Su fe en López Obrador no ha sufrido menoscabo. Son los expertos los que dudan, no los votantes en general. En un par de entrevistas televisivas en esta semana, López Obrador ha mostrado que entiende perfectamente eso: no tiene que argumentar nada ni defender sus decisiones, le basta con apelar a su popularidad. Por eso vive en campaña permanente. Lo comentamos aquí mismo hace meses: no tiene idea de cómo se gobierna, pero es un mago de la comunicación.

Esto significa que no sólo estamos viviendo un cambio de régimen (fin del sistema político 1988/1996-2018), con una fuerza política desorganizada y un equipo inexperto, sino que además se abre una gran brecha entre los expertos y la población, que será magnificada por el líder. En esto tampoco nos apartamos del resto del mundo, donde abunda la crítica a los expertos. Pero eso significa polarización, porque sin la referencia técnica, todo se convierte en sentimientos y emociones, en el “yo creo que…”.

Con un poco de suerte, le alcanzará el tiempo al nuevo gobierno para estructurar su partido y no cometer demasiados errores. Si es así, podrán mantenerse en el poder por dos décadas, como lo han hecho en la Ciudad de México. Pero si no, el descontento de quienes pusieron su fe en el demagogo será muy difícil de manejar. Y sí, es sólo cuestión de suerte.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.