Sin medida ni clemencia
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Sin medida ni clemencia

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Sin medida ni clemencia

17/05/2019

Usted seguramente recordará que hace un año proponía no votar por López Obrador, porque consideraba que su talante autoritario y su profunda ignorancia, especialmente en economía, eran amenazas para el funcionamiento del país. También afirmé entonces que me preocupaba la gente que lo acompañaba, porque parecía una recreación del viejo PRI, en el mejor de los casos, o el surgimiento del socialismo bolivariano, en el peor.

Lo que no consideraba entonces, y sí me ha sorprendido, es la abismal incompetencia del gobierno de López Obrador. Además de no resolver los problemas que México arrastra, y que no son su culpa, han sido capaces de generar crisis tras crisis, por decisiones equivocadas, por ignorancia, por soberbia.

Incluso antes de tomar posesión, López Obrador actuó en contra de su gobierno, y del país mismo, con la cancelación, sin argumento alguno, de la construcción del NAIM. Además del daño patrimonial que eso significa, la cancelación de futuro, producto de la menor conectividad de la capital del país, dañará al menos a una generación entera.

Una vez tomando posesión, produjeron, por pura incapacidad, una crisis de desabasto de combustible. Para evitar el costo político, López Obrador inventó que estaba luchando contra el robo, el huachicol. El resultado inmediato fue la muerte de centenar y medio de personas, semanas de dificultades para todo el centro y occidente del país, y el olvido. Siguen diciendo que han reducido el robo, sin cifras creíbles.

A continuación, crearon una crisis en Pemex, y más ampliamente, en el sector energético, por el abandono de la reforma, y su sustitución por políticas anacrónicas, desde la construcción de una refinería, hasta el regreso a combustibles fósiles en CFE, pasando por todo tipo de ocurrencias. Pemex ya ha perdido calificación en su deuda, y todo lo que se le presta es ahora contra el crédito del soberano. Es decir, han apostado al país para salvar Pemex. Por si fuera poco, se acaba de anunciar la condonación de deudas por 11 mil millones de pesos a los tabasqueños organizados por López Obrador hace 25 años para violar la ley y no pagar su consumo de electricidad. Otro daño al patrimonio nacional, dirigido en beneficio de clientes políticos. Es, literalmente, un robo.

En el entretanto, se ha complicado el abasto de medicamentos de diversos tipos, así como la dotación de material y atención en hospitales, debido a recortes presupuestales arbitrarios y a despido de personal especializado. Todo, por el afán de demostrar que el gobierno mexicano era todo, absolutamente, un problema de corrupción y altos ingresos de funcionarios. El resultado es la incapacidad de la administración pública para cumplir con funciones elementales. Además del problema en el sector salud, ya sabe usted que no habrá libros de texto gratuitos a tiempo, y no se imprimirán todos. Por lo mismo.

El caso más reciente es la crisis ambiental en varias ciudades del país, incluyendo la capital. La causa son incendios forestales, que han ocurrido en mucha mayor medida que en otros años, no por calentamiento global o alguna razón de ese tipo, sino por la cancelación del programa de empleo temporal y la reducción presupuestal a la Comisión Nacional Forestal. Cada año, en estos meses, la sequía favorece los incendios. Para evitarlo, se contrata a jóvenes que hacen cortafuegos, retiran material seco, limpian terreno. Ahora no se hizo.

Note usted que todo: desabasto de combustible, caída de la economía, falta de medicinas y libros, crisis ambiental, es producto de un grupo de incapaces e ignorantes, que además son soberbios. Bastaría contratar a quien sí sabe, en cada ramo, para evitar esto. Más claro: hubiera bastado no despedirlos. Pero no, López Obrador se cree superior, y sus cercanos lo imitan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.