Segundo año
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Segundo año

20/08/2019
Actualización 20/08/2019 - 14:17

Hemos pasado la primera mitad de agosto, de forma que en menos de dos semanas inicia el segundo año de la actual Legislatura, o de la toma de poder por parte de López Obrador y equipo. Aunque formalmente la inauguración en la presidencia fue el 1 de diciembre, es claro que desde septiembre todo el poder estaba en manos del nuevo gobierno.

Parte fundamental de eso fue la gran mayoría que construyeron en las cámaras. Ya hace algunas semanas que comentamos el abuso de las reglas electorales que le permitió a Morena alcanzar 62 por ciento de las curules en Cámara de Diputados con 44 por ciento de los votos. A eso le han podido sumar algunos diputados más, que han abandonado su partido original, hasta superar la mayoría calificada, es decir, dos tercios de la Cámara.

En Senadores, en cambio, no han llegado al número mágico, y aunque ahora tienen un aliado en la presidencia del PRI, no parece que puedan sumar, ni formal ni informalmente, a los senadores de ese partido en decisiones estratégicas.

Para este segundo año, hay relevo en la presidencia de Cámara de Senadores, y la nueva presidenta es Mónica Fernández Balboa, antiguamente perredista, que era ya vicepresidenta. Sustituye a Martí Batres, quien se quejó en redes sociales de manejos oscuros de parte de Ricardo Monreal, coordinador de Morena. Como usted recuerda, esta columna identifica a estos dos senadores en grupos diferentes al interior del instituto político. Monreal como líder del suyo, y Martí como parte de los Bolivarianos, junto con Yeidckol Polevnsky, que por cierto intentará refrendar su presidencia en Morena en los próximos meses.

En Diputados, el presidente de la Junta de Coordinación Política es Mario Delgado, que es parte de un tercer grupo, el de Marcelo Ebrard. Esa posición la tiene segura por tres años, gracias a la mayoría calificada, pero también está buscando la presidencia de Morena. El cuarto grupo, conformado alrededor de la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, no vive los mejores momentos, como es sabido.

Esto significa que entramos a este segundo año con una correlación de fuerzas muy diferente al año pasado. Si bien Monreal y Ebrard lograron entonces una buena posición, no tengo duda de que han acumulado mucha más fuerza que sus adversarios, que entonces parecían más sólidos. Esto es relevante porque los dos políticos mencionados son, me parece, la versión pragmática de Morena, en lo que cabe. No hay duda de que la última voluntad sigue siendo de López Obrador, pero la operación no es lo suyo, y sí es un terreno en el que Monreal y Ebrard han demostrado habilidad.

En este segundo año hay dos temas que son de gran importancia. El primero es la definición del Presupuesto para 2020 y el segundo es acordar las reglas del proceso electoral 2021. No son asuntos totalmente independientes, pero creo que sí ocurrirán en carriles diferentes. Como usted sabe, la economía está detenida, y el crecimiento esperado para este año ronda el cero. Esto ha ocurrido, en parte, por la pérdida de confianza de inversionistas, y en parte por la ineficacia en la aplicación del gasto público. No hay razones de peso para imaginar que alguna de las dos dejará de existir en los próximos meses, de forma que el Presupuesto para 2020 tendrá que ser muy cuidadoso. Especialmente en lo que se refiere a Pemex, que ya es interpretado por todos los actores relevantes como un pozo sin fondo. Si se destina demasiado a esa empresa, las calificadoras van a dudar del mantenimiento de la disciplina fiscal.

El otro asunto, las reglas de la elección de 2021, lo tendremos que platicar mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.