Recesión a largo plazo
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Recesión a largo plazo

COMPARTIR

···
menu-trigger

Recesión a largo plazo

17/02/2020
Actualización 17/02/2020 - 11:54

Esta semana no habrá información económica importante. La próxima conoceremos el cierre de 2019, en términos de actividad económica, y el arranque de 2020 en producción de petróleo y recaudación. Sin embargo, con lo que conocemos hasta ahora parece posible no sólo estimar el comportamiento de la economía en este año, sino aproximar de forma bastante razonable la década entera.

Como usted sabe, es imposible conocer el futuro. No podemos saber con certeza el impacto del coronavirus en la economía global, por ejemplo. Menos podemos estimar lo que ocurrirá con la política expansionista de los bancos centrales más importantes del planeta. Sin embargo, podemos tener una idea de la dinámica interna de la economía nacional, y de algunos posibles impactos en la política. Siempre será necesario corregir, pero para muchos es importante esta semblanza del futuro, y creo que es posible plantearla.

Los datos de empleos y salarios apuntan a un tope en el incremento salarial. Después de tener aumentos de 10, 16 y 20 por ciento en el salario mínimo en los últimos tres años, parece que ya se ha llegado al límite en el cual esta referencia es relevante. Dicho de otra forma, ya empieza a costar en términos de empleo el incremento salarial. Como lo comentamos el viernes, esto lo confirmaremos en los próximos meses, pero parece claro.

Complementando esa información (del mercado formal) con la que se puede obtener de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), hay señales de que el impulso que daba el consumo a la economía ha llegado a su fin. Esto significa que los servicios, que representan dos terceras partes del PIB, han entrado en un terreno menos positivo del que habíamos visto en los últimos años.

En la industria, como usted sabe, la construcción sigue teniendo caídas del 5 por ciento anual, que posiblemente se reduzcan durante este año, pero no de manera acelerada. No existe razón para ello, porque no hay confianza en el futuro. Las manufacturas, por su parte, dependen del ciclo estadounidense, que está ahora en su parte baja. Más allá de los desajustes que produzca el coronavirus, es difícil esperar crecimientos relevantes en los primeros meses de 2020 en este rubro.

Queda sólo el petróleo, al que el gobierno le ha apostado mucho. La expectativa de esta columna es que la producción, durante 2020, sea muy parecida a la del año pasado. Tal vez una pequeña caída, tal vez un incremento menor. Lo que no se ve cómo pueda ocurrir es que pasemos de 1.7 a 1.9 millones de barriles diarios, como espera el gobierno.

Con base en lo anterior, la mejor expectativa que tenemos para 2020 es un crecimiento de 0 por ciento. Si el milagro de Pemex ocurre, la cifra se moverá a 0.5 por ciento, que tampoco es una diferencia tan grande, pero lo dudo mucho. Hasta ahora, la mayoría de los especialistas sigue pensando que podríamos crecer 1 por ciento durante este año, a diferencia de esta columna. Para 2021, el promedio de estimaciones ronda 1.6 por ciento, pero aquí más bien vemos lo mismo de 2019 y 2020: cero. La razón es que para 2021 es esperable una contracción relevante en producción de petróleo, y un crecimiento muy moderado en otros rubros.

Rumbo a 2030, la estimación de los analistas, según reporta el Banco de México, es que podríamos crecer 2 por ciento, promedio anual. La estimación de esta columna es que, en promedio, será ligeramente superior a 1 por ciento, con los últimos años alrededor de 1.5 por ciento.

Lo que está detrás de esto es la destrucción de capacidad, o en términos de economista: la reducción del PIB potencial. No es una crisis financiera, como 1995 o 2009, o una recesión como 2001: es un choque de oferta que cambia por completo los escenarios. Más de esto, mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.