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Por si gustan

22/05/2019

Aunque no debería haber duda de que la elección que llevó al poder a López Obrador y seguidores fue decidida alrededor de dos temas, seguridad y corrupción, la eterna oferta de ese grupo político parece ser ahora lo que guía los destinos de la nación, como antes decían. Ya de seguridad no se habla mucho, porque va peor, y de corrupción nada más se miente, según la evidencia que abunda de cómo los nuevos actúan igual que los anteriores. Pero parece que ahora lo que determina el discurso público ya no son esos temas, sino pobreza y desigualdad.

Como usted sabe, América Latina es el continente más desigual del mundo, aunque algunos países africanos compiten con nosotros. Puesto que el ingreso promedio en nuestro continente es de medio para abajo, esa desigualdad se refleja en niveles de pobreza que deberían ser inaceptables. Por lo mismo, no cabe duda que pobreza y desigualdad deberían ser muy importantes para México. De hecho, durante todo el siglo XX lo fueron, en el discurso, pero mejoraron muy poco en la realidad.

Pero la razón por la cual no avanzamos en estos temas, desafortunadamente, explica por qué, más allá del discurso del gobierno actual, tampoco avanzaremos. Sabemos desde hace tiempo que la desigualdad no se corrige sola. Los datos más recientes que encontré para hacer una comparación provienen de la OCDE, donde están las economías más desarrolladas del planeta, y también estamos nosotros. Medir la desigualdad es algo complicado, pero se acostumbra utilizar un índice llamado Gini (por Corrado Gini, quien lo propuso hace un siglo). Este índice va de cero a uno, donde cero es la igualdad total de ingresos, y uno es cuando una persona tiene todo el ingreso, y los demás nada. Por lo tanto, mientras más cerca de uno esté el indicador, la desigualdad es más grave.

Bueno, el promedio del índice Gini en los países de la OCDE es de 0.471, mientras que México reporta 0.478. Es decir: igual que cualquier país desarrollado. Pero esto es antes de que el gobierno intervenga cobrando impuestos y redistribuyendo recursos. Después de la intervención del gobierno, el promedio de la OCDE se reduce a 0.313, mientras que México apenas llega a 0.459, y queda como el país más desigual de la muestra. Para que sienta más feo: antes de la redistribución, México tiene menos desigualdad que países como Luxemburgo, Australia, Austria, Bélgica, Finlandia, Alemania, Francia, Italia o Estados Unidos. El problema no es algo asociado con la cultura, estructura económica, o similares. El problema es un gobierno incapaz.

Más claro todavía: México destina más del 30% de las transferencias al 20% más pobre de los mexicanos, que es un esfuerzo mayor al que realizan países como Bélgica, Corea, Francia, Austria, España, Luxemburgo o Estados Unidos. Pero como el tamaño del gobierno es tan pequeño en México, el impacto en términos de ingreso de mercado se reduce a un magro 2%, similar a Chile. Por eso somos los más desiguales del mundo, porque nuestros gobiernos son pequeños.

Ya en otras ocasiones lo hemos comentado ampliamente: los gobiernos en los países desarrollados decidieron repartir mejor la suerte. Algunos desde fines del siglo XIX, la mayoría después de la Segunda Guerra. Nosotros dijimos que haríamos lo mismo, desde la Constitución del 17 y durante todo el priato. El gobierno incrementó su gasto, sin hacer lo mismo con los impuestos. Quebramos en tiempos de Echeverría y López Portillo, nos quemamos todo el excedente petrolero, y no logramos nada. Si quieren algo serio, no está tan complicado: pasa por una reforma fiscal seria y programas sociales de verdad, y no las ocurrencias populistas del viejo PRI y del nuevo Morena.

(Para los datos: https://voxeu.org/article/income-redistribution-through-taxes-and-transfers)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.