Para 2020: anacronismo e incompetencia
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Para 2020: anacronismo e incompetencia

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Para 2020: anacronismo e incompetencia

19/11/2019
Actualización 19/11/2019 - 6:26

El viernes 15 de noviembre debió ser aprobado el presupuesto del sector público federal para 2020. No recuerdo cuándo fue la última vez que no estuvo listo el presupuesto en la fecha indicada. Sin duda, en años recientes, la sesión iniciada con ese fin no lograba terminar a la medianoche, y continuaba hasta su conclusión. Ahora, sin embargo, ni siquiera hubo sesión. Ya nos estamos acostumbrando a que el gobierno pase por encima de la ley, sea para nombrar funcionarios, elegir comisionados, o de plano aprobar leyes.

Según dijeron, tendrán una sesión mañana miércoles 20, aunque Mario Delgado estuvo promoviendo que los representantes populares firmen un documento aceptando lo que les envió el Presidente. Es decir, que renuncien a su función, y violen con ello la protesta que hicieron de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Puesto que ya lo ha hecho el Presidente mismo, nada nuevo.

Ya veremos qué aprueban, pero lo que se ha presentado como propuesta confirma dos elementos que caracterizan a este gobierno. Por un lado, incompetencia; por otro, anacronismo. Permítame empezar hoy por lo primero, que además ya no tiene remedio, porque ya se ha concretado en la Ley de Ingresos para 2020.

Desde que se presentaron los Criterios Generales de Política Económica, esta columna comentó que eran demasiado optimistas en términos de ingresos. Varios especialistas (México Evalúa, el CIEP, etc.) se han pronunciado en la misma dirección. Permítame presentarle mis últimas estimaciones al respecto, considerando que ya tenemos tanto el crecimiento de la economía (cero) como las finanzas públicas a septiembre.

Con esos datos, es razonable esperar que los ingresos del sector público al cierre de 2019 alcancen 5.36 billones de pesos, resultado de 969 mil millones en ingresos petroleros, 3.26 billones en impuestos, y 1.1 billones en ingresos no tributarios más resultados de las empresas (CFE, IMSS e ISSSTE). En esta última cifra ya van 130 o 150 mil millones de pesos que el gobierno tomó del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestales (FEIP), obligado por las circunstancias.

Para 2020, los ingresos se han establecido en 5.46 billones, de los cuales 987 mil millones vendrán de ingresos petroleros, 3.5 billones de impuestos, y poco menos de un billón de no tributarios más empresas. A primera vista, parecería razonable. Sólo se espera crecimiento en impuestos, mientras los otros dos rubros se mantienen casi iguales. Pero se espera un incremento en recaudación de 7.5% nominal, cerca de 4% real. Esto, creciendo 2% en 2020, como Hacienda supone, no es probable. Creciendo 1%, como creen los especialistas, menos.

Por otra parte, en los ingresos petroleros se reduce el precio esperado, de 55 dólares por barril en este año a 49 en 2020. Hasta el viernes pasado, el precio promedio en este año de la mezcla mexicana fue de 56.5 dólares por barril. Si en 2020 fuese de 50 dólares, la caída es de -11.5%, de forma que para compensar sería necesario un incremento en producción de la misma magnitud. A septiembre, el promedio de producción es de 1.67 mbd, de forma que habrá que llegar a 1.87 mbd en 2020.

Supongamos que la economía crece cerca de 2% y que se alcanzan 1.85 mbd de producción de petróleo: los ingresos se quedarán cortos en 135 mil millones de pesos. Si la plataforma de producción se queda en 1.75 mbd, entonces el faltante será de 215 mil millones. Si, además, el crecimiento es de 1%, el faltante estará en 280 mil millones.

Todavía tienen 120 mil millones en el FEIP, que pueden utilizar para compensar parte del faltante, y con ello habrán agotado los ahorros del gobierno de varios años. Por eso me parecen incompetentes. Pero peor, entre la renuncia de los diputados a hacer su trabajo y la incapacidad de cumplir fechas, creo que están forzando a las calificadoras a actuar antes de lo esperado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.