Otra vez Trump
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Otra vez Trump

03/06/2019
Actualización 03/06/2019 - 13:33

Ayer hubo elecciones en Puebla, Baja California, Aguascalientes, Durango, Tamaulipas y Quintana Roo. Aunque algunos resultados estarán listos por la noche del día que escribo, no será suficiente para analizar, y sí complica el cierre de la edición, de forma que pospondré para mañana los comentarios sobre ésta, la segunda parte de la elección de 2018.

Hoy, en consecuencia, lo podemos dedicar al tema del nuevo ataque de Donald Trump. Como usted sabe, el jueves, vía Twitter, el presidente de Estados Unidos anunció que impondría un arancel de 5 por ciento a todos los productos exportados desde México el día 10 de junio, que crecería en una cantidad similar por los siguientes cuatro meses, hasta llegar al 25 por ciento, que es la cifra mágica que ha utilizado con China.

Es evidente que esta medida iría en contra del NAFTA, hoy vigente, de las reglas de la OMC, y del nuevo acuerdo, aún no ratificado, el T-MEC. Más importante aún, para poder hacer algo así, Trump tendría que utilizar algún argumento absurdo que le permitiese dar la vuelta a la facultad que, en Estados Unidos, tiene el Congreso en lo relativo a comercio exterior. Ya nos aplicó un arancel al acero y aluminio argumentando seguridad nacional, decisión inusitada que no sólo nos incluyó a nosotros, sino a Canadá, los dos grandes aliados de Estados Unidos que le han garantizado la paz por décadas. Ahora, según parece, dirá que se trata de una emergencia económica, aunque la razón que arguyó para el alza de aranceles es que México no controla la migración hacia su país.

Como es evidente, se trata de un abuso más de Trump. No sólo es un insulto hacia México, y no sólo nos causa problemas económicos a nosotros. Es también un abuso de poder al interior de Estados Unidos, y produciría pérdidas significativas a muchos estadounidenses. Pero Donald Trump no tiene límites, recuerde. Es un enfermo mental, como ya es conocido. Sufre de narcisismo psicópata. Con tal de engrandecer su imagen (según su propia interpretación) es capaz de destruir sociedades. No dista mucho de su amigo Kim Jong-un, por ejemplo.

Para nadie ha sido fácil tratar con este personaje. Ni para los políticos de su país, ni para líderes de otras naciones. Una gran cantidad de personas, que no tienen que enfrentarlo, imaginan que es algo sencillo, pero no es así. Para México y Canadá, especialmente, es muy problemático por la integración que el NAFTA ha fomentado. Puesto que nosotros somos menos ricos que los canadienses (aunque el PIB de México es mayor que el de Canadá), se nos complica más. Hay que sumar el odio personal que tiene contra nosotros, por racista, y porque aquí no pudo defraudar a unos empresarios, sino al revés. Finalmente, recuerde que hay un porcentaje no menor de estadounidenses que temen la inmigración de latinoamericanos, y no distinguen entre países. A ellos les habla cuando promueve el muro, nos acusa de cualquier cosa, o nos sube aranceles.

En este contexto, me parece deplorable la carta de respuesta del presidente López Obrador. Empezando por su innecesaria clase de historia oficialista, propia del nivel de cuarto de primaria que parece que nunca ha abandonado, siguiendo por el uso de términos inapropiados, y terminando por un nuevo ofrecimiento de amistad, que ha reiterado durante el fin de semana, la carta es casi tan mala como la invitación de Peña Nieto durante la campaña de 2016.

López Obrador ha pasado de ser uno de esos que decían que era fácil enfrentar a Trump a tener que demostrarlo, desde la Presidencia de México. En eso, le ha pasado como en todo lo demás, simplemente no da el ancho. Una lástima.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.