Ojos que no ven…
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Ojos que no ven…

25/05/2020
Actualización 25/05/2020 - 12:29

El jueves comentamos con usted acerca de la estrategia comunicacional: inundar de basura. Luis Estrada ha documentado más de 70 inexactitudes o francas mentiras en las homilías presidenciales, cada mañana. Hay que sumar a ello las declaraciones ocasionales de los floreros, y los tuits de sus encargados de 'comunicación social'. Frente a esa cantidad de basura, la realidad es muy difícil de distinguir.

Por ejemplo, no tenemos una idea clara de cuántas personas se han contagiado de Covid-19, ni cuántas defunciones se deben a esa enfermedad. No hay duda de que ningún país ha podido tener cifras exactas, pero fallar por 30 por ciento o 300 por ciento sí tiene diferencia. En México, como usted sabe, se han aplicado muy pocas pruebas. Seguimos siendo uno de los países con menor número de exámenes por millar de habitantes, y eso parece haber sido una decisión desde el principio. Algunos argumentan que por falta de dinero, pero eso es una tontería. Sin duda México tiene más recursos que muchos países que nos han superado en las mediciones, y ya veíamos que hemos hundido en Pemex más de 160 mil millones de pesos, que bien pudieron usarse para enfrentar la pandemia.

Y si no tenemos claridad en lo que ocurre en materia sanitaria, en lo económico las cosas parecen complicarse. Por un lado, el Inegi no ha podido llevar a cabo encuestas domiciliarias, debido a prohibición explícita; por otro, el Presidente inventa mediciones nuevas, según él de bienestar o felicidad, para desdibujar en la mente de la población la importancia del golpe económico.

Se trata de confundir, de llenar todo de basura, de forma que no haya manera de construir una opinión informada de lo que está ocurriendo. Con dificultades, pero podemos seguir afirmando que pocos países han actuado peor que México frente a la pandemia. Todos ellos, dirigidos por gobiernos populistas: España, Estados Unidos, Brasil. En todos ellos han ocurrido muertes innecesarias, medibles en decenas de miles de personas. Pero si usted no puede saber cuántas personas mueren, ni por qué, no tiene forma de criticar al gobierno. Pues de eso se trata.

Como en todas partes, la economía se hunde, porque el confinamiento (obligatorio u opcional) implica una falla seria de mercado. Tal vez usted vende menos, o de plano nada; tal vez perdió su chamba, tal vez le pagan menos, pero ahí sigue. El caso es que no puede extender su experiencia al resto de la economía, porque hay pocos datos, llegan tarde, y para cuando lo hagan, lo importante será la 'felicidad'.

Es importante que no haya duda de lo que está ocurriendo. El gobierno actual es, como lo hemos documentado de manera amplia, profundamente incapaz. Lograron causar desabasto en combustibles apenas llegando, en medicinas y material médico pocos meses después; destruyeron la confianza de los inversionistas y la tasa de crecimiento económico cayó de 2.5 por ciento a -1 por ciento anual, antes de la pandemia. Destruyeron el Seguro Popular, sin crear nada a cambio (el Insabi no existe). Si en condiciones normales no fueron capaces de mantener siquiera la inercia, frente a la mayor crisis en cien años, viviremos una tragedia.

Pero apuestan a que usted no se dé cuenta. Le esconden datos de contagiados y de muertos, esperanzados en que no se note; le escamotean información económica, inventando otras mediciones, para que usted no crea que sus dificultades son compartidas por millones de mexicanos. Cuando se evidencian sus mentiras, aducen ataques políticos, y hasta hablan de un “golpe de Estado blando”.

Una frase atribuida a Hanna Arendt: “El sujeto ideal del régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino las personas para quienes la distinción entre los hechos y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, los estándares de pensamiento) ya no existe”. Pues eso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.