Nos queda el beisbol
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Nos queda el beisbol

20/05/2019

Hace algún tiempo comentábamos que, para esta columna, había un par de cosas positivas en la nueva administración. La primera, y más importante de ellas, era el incremento de los salarios reales en los primeros meses de 2019. Al mes de febrero, el salario promedio para asegurados del IMSS crecía 6.9%, y hasta marzo seguía ocurriendo un pequeño crecimiento en empleo.

La semana pasada se publicó la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al primer trimestre. Con la abundante información de esta fuente, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) estima el ingreso laboral real, y nos dice que creció en 3.3%, de manera que la proporción de población que está en pobreza laboral (trabaja, pero con un ingreso inferior al costo de la canasta definida por Coneval como referencia) se redujo de 39.8 a 38.7%. Un avance para el 1% de los trabajadores.

También nos dice Coneval que el incremento en ingreso real es uno de los más importantes en la historia que ellos han medido, pero no el mayor. Resulta que el mayor aumento de ingreso real ocurrió en 2018: 3.4%, frente al 3.3% de ahora. Uno podría menospreciar la diferencia, que siempre puede atribuirse a detalles de levantamiento de la encuesta, o algo parecido, pero haría mal.

En 2018 (estrictamente hablando, en diciembre de 2017) ocurrió el primer incremento significativo del salario mínimo en décadas: 10%. Esta alza fue promovida por el PRD, especialmente por el gobierno del DF, que ellos ocupaban, y posiblemente usted recuerde el trabajo de difusión que realizaron Salomón Chertorivski y Ricardo Becerra, entre otros. Fue determinante en el éxito de esa propuesta el apoyo de Coparmex y su presidente Gustavo de Hoyos. Bueno, pues ese 10% de incremento al mínimo se reflejó en un alza de 3.4% en el ingreso real promedio de todos los trabajadores en el primer trimestre de 2018. Todavía alcanzó el vuelito para que en el segundo trimestre se registrara otro incremento, 1.8%. Ya los últimos dos trimestres de 2018 tuvieron resultados negativos.

En esta ocasión, el incremento al salario mínimo fue de 16% general, y de 100% en algunos municipios de frontera. Sin embargo, el efecto neto sobre todos los trabajadores fue inferior al del año anterior. Es decir, a pesar de que este incremento fue más de 60% superior al del año anterior, el impacto no alcanzó a ser el mismo. La causa parece ser una contracción importante en el número de personas con ingresos superiores a 3 salarios mínimos, y un crecimiento en las personas con ingresos inferiores a dos mínimos. Dicho de otra forma: la respuesta al incremento salarial fue la contratación con niveles menores. Adicionalmente, como ya hemos platicado en otras ocasiones, hay una contracción en la generación de empleo.

No sabemos cómo venga el segundo trimestre. Con unos días de retraso, el IMSS nos informa que se agregaron 30 mil empleos en abril, y la tendencia ya es casi tan mala como la de 2001-2003 o la de 2008-2009. Menos empleos generados, con un efecto salarial inferior al del año pasado. Queda claro que este primer elemento positivo del actual gobierno ya no fue tal. A pesar de eso que llaman “buenas intenciones” (sin evidencia que lo pruebe), el alza del mínimo no se refleja en mejores salarios de manera generalizada.

Es cierto que llevamos poco tiempo, pero lo que llevamos se compara mal con años anteriores. Incluso en este tema, que habíamos considerado esperanzador. Nos queda la otra cosa positiva: nos queda el beisbol.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.