Fuera de la Caja

No se deje engañar

Por un buen rato los datos económicos serán malísimos y habrá quien olvide que desde antes de la pandemia la economía mexicana estaba funcionando mal.

Los datos económicos, por un buen rato, serán malísimos, y habrá quien olvide que desde antes de la pandemia la economía mexicana estaba funcionando mal. Para evitar esa falla de memoria, de una vez le presento la información que tenemos hasta el mes de febrero (incompleta aún), en la que no hay, prácticamente, impacto de la crisis global.

La industria mexicana, durante febrero, tuvo una contracción de -1.9 por ciento (en datos originales). Con ese mes, se sumaron 16 seguidos en los que la industria tuvo una contracción, en comparación anual. Adivinó, a partir de noviembre de 2018, el mes siguiente a la cancelación de la construcción del aeropuerto. Desde entonces, puros números negativos en la actividad industrial. De hecho, en los primeros 10 meses de 2018 la industria crecía poco, pero lo hacía. El crecimiento promedio anual en esos meses fue de 1 por ciento. De entonces a febrero, el promedio es de -1.7 por ciento, de forma que el gobierno actual redujo el crecimiento del sector secundario en -2.7 puntos, que no es poco.

En los servicios teníamos mejor dinámica en 2018. Entre enero y octubre de ese año, el crecimiento promedio fue de 3 por ciento. A partir de entonces, y hasta enero (no tenemos aún el dato de febrero), el crecimiento es de 0.8 por ciento. En el sector terciario, la reducción del crecimiento es de 2.2 puntos.

Por eso a la hora de sumar todo, incluyendo el sector primario, que no estoy detallando, el crecimiento pasó de 2.3 por ciento durante los primeros 10 meses de 2018, a exactamente cero desde noviembre de 18 y hasta enero pasado. El dato de febrero no creo que cambie mucho las cosas, aunque será negativo, como han sido diez de esos 15 meses.

Para que no se olvide, es importante recordar que el actual gobierno produjo la recesión de 2019. No fue un golpe externo, como el que le tocó a Fox al inicio de su gestión, o a Calderón a la mitad del propio. No fue una crisis heredada, como la que le estalló a Zedillo apenas entrando. Ni mucho menos como la que tuvo que enfrentar Miguel de la Madrid, que inició desde los últimos meses de su antecesor. Nada de eso: López Obrador creó su propia crisis económica, antes de que viniera el golpe global del coronavirus.

Reitero que no debemos olvidarlo, porque la situación de vulnerabilidad que tenemos hará que sea mucho más difícil tomar decisiones en estos momentos. Todavía no estoy considerando en esto ni la destrucción del sistema de salud, producto de una idea absurda de austeridad, ni tampoco la necedad de no contratar deuda en una situación extrema como la que tenemos enfrente. Sin considerar nada de eso, López Obrador ya había dañado de manera importante la economía nacional, reduciendo el ritmo de crecimiento en 2.3 puntos, como hemos dicho, pero específicamente hundiendo la inversión (que es la base del crecimiento futuro) en cerca de 10 por ciento.

A partir de marzo, las caídas de la economía serán espectaculares. De ese mes, por ejemplo, ya sabemos que la industria automotriz se contrajo en -25 por ciento, y que al menos durante la última semana la ocupación hotelera rondaba 10 por ciento, lo mismo que las reservaciones de restaurantes. Cuando esos datos aparezcan, sobrarán los que quieran culpar de todo al coronavirus.

No se deje engañar, la caída del PIB en 2020 alcanzará dos dígitos porque no iniciamos en 3 o 4 por ciento de crecimiento (como ocurrió con Zedillo, Fox o Calderón), sino cerca de -1 por ciento. Si a eso le sumamos la incapacidad del gobierno para proponer medidas del tamaño de lo que se requiere, el -10 por ciento o -12 por ciento dejará de sorprenderle. No fue el bicho.

COLUMNAS ANTERIORES

Opereta
Inminente

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.