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09/07/2019
Actualización 09/07/2019 - 13:04

Se publicó ayer el dato de producción de vehículos ligeros durante el mes de junio. La caída fue de -4.44 por ciento con respecto a junio de 2018. No es una tragedia. En tiempos recientes se ha reportado un peor comportamiento: en diciembre pasado, o en marzo de 2018 o de 2016. Pero tampoco es un buen dato.

Del mes de mayo aún no conocemos el comportamiento de toda la economía. Este viernes se publicará la actividad industrial, en donde minería tendrá una contracción de entre 8 y 9 por ciento, las manufacturas con suerte saldrán en ceros, y tendremos el primer dato de construcción del mes. En mayo, la producción de vehículos se contrajo -1.5 por ciento, y eso se extiende a otras ramas manufactureras, de forma que lo que puede impedir una contracción de la división es el comportamiento de la industria alimentaria (más grande que la automotriz), o un crecimiento muy acelerado en equipo de cómputo y comunicaciones, como el que ha mostrado recientemente. Ya veremos.

En servicios, ya sabemos que las ventas de autos fueron malas: tanto en mayo como en junio hay una contracción de -11 por ciento. En ventas al menudeo, los datos de ANTAD apuntan a un crecimiento muy pequeño. Parece que la venta de inmuebles también sigue en contracción. Todo esto importa porque el sector de actividad más importante en México es el de servicios financieros e inmobiliarios, y si las ventas a crédito están caídas, el sector crece menos. Para conocer el comportamiento de mayo en servicios, sin embargo, hay que esperar un par de semanas, a la publicación del IGAE.

También de mayo sabemos que las importaciones prácticamente no crecieron, y eso apunta a que la economía no se mueve. Los datos de junio también se conocerán en un par de semanas, pero es muy probable que tengamos ya una contracción, considerando el dato de la industria automotriz. Finalmente, en mayo casi no se generaron empleos, como usted recuerda.

Lo preocupante del dato de producción de vehículos es que tanto mayo como junio son negativos, y esto puede confirmar que abril no representó un punto de inflexión, sino un efecto de la desestacionalización. Recuerde que usando datos originales (sin considerar los efectos de Semana Santa), la caída del IGAE fue de -1.4 por ciento, pero al corregir daba un ligero crecimiento de 0.3 por ciento. Con lo que sabemos de mayo, se puede esperar un dato entre -0.2 y -0.5 por ciento, comparando con mayo de 2018. Pero si a eso siguiese un dato positivo de junio, ya podríamos hablar de haber tocado fondo e iniciar la recuperación.

Falta mucha información aún, pero el dato del gran motor de manufacturas, la industria automotriz, fue realmente malo. Y el dato de ventas de autos, que es muy importante para el sector más grande de la economía, los servicios financieros, fue terrible. A como van las cosas, el crecimiento del primer semestre será cero. Es decir, el IGAE promedio enero-junio de 2019 será más o menos igual al de 2018.

Puesto que cambiar esa dirección implica un incremento en confianza que no se ve de dónde pueda salir (para que crezca inversión, venta de inmuebles y autos), el crecimiento para la segunda mitad del año no será diferente. Tal vez haya un poco más de producción de petróleo, y la caída sea menor en ese rubro; o un poco más de exportaciones de autos. Pero regresar al crecimiento del 2 por ciento exige algo que no se ve por ningún lado: o más confianza en el futuro, o un gobierno capaz.

En ausencia de estos elementos, habremos pasado a un crecimiento cero, y posiblemente nos mantengamos ahí por un rato.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.