Narrativas y públicos
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Narrativas y públicos

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Narrativas y públicos

15/03/2018
Actualización 15/03/2018 - 10:26

Comentamos hace unos días acerca de la importancia que tiene la narración en las elecciones. No se trata, en realidad, de tener programas de políticas públicas muy detallados (aunque eso es importante), sino de provocar en los votantes un sentimiento de pertenencia y empatía con el candidato. Al respecto, todo indica que las tres narraciones que tenemos están definidas más por un horizonte temporal que ideológico. No existen propuestas de izquierda o derecha, sino más bien de pasado, presente y futuro.

López Obrador ha sostenido siempre que el pasado fue mejor. En su narración, hubo un tiempo en el que México funcionaba bien, pero todo se descompuso porque un grupo de malos se hizo del poder (la mafia del poder) para dañar al pueblo. Él será capaz de acabar con los malos y regresar a ese pasado glorioso. José Antonio Meade, como candidato del partido en el gobierno, no puede sino ofrecer el presente, es decir, las cosas que él considera buenas de la actual administración, como las reformas estructurales, pero eliminando lo malo, es decir, la corrupción. Finalmente, Ricardo Anaya ha optado por ofrecer futuro, desde una alianza novedosa de partidos políticos que prometen un gobierno de coalición que construirá un nuevo régimen, hasta discursos concentrados en el avance tecnológico global.

El éxito potencial de los discursos tiene que ver mucho con la opinión previa de los votantes. Aquellos que han visto crecimiento y mejoría en tiempos recientes, pueden creer que el futuro será mejor. Los que han presenciado deterioro y caos, sin duda creerán más en un pasado glorioso. Sólo quienes evalúan bien al gobierno actual pueden aceptar una versión mejorada del presente, pero el muy bajo nivel de aprobación del residente apunta a que esta narración es difícil que prenda.

En términos geográficos, quienes viven al sur del paralelo 20 llevan décadas sin avances, mientras que quienes se ubican al norte han visto años de crecimiento estilo asiático. Ahí han llegado empresas internacionales, que producen las mercancías del futuro; paneles solares, autos autónomos, equipos sofisticados.

Las encuestas que tenemos (que ya hemos dicho, no son muy exactas, por ser telefónicas, provienen de Massive Caller) parecen confirmar lo que le comento. Hay 17 entidades al norte del paralelo 20 que tienen 43 por ciento de la población. En ellas, Por México al Frente es líder, con 27 por ciento de intención de voto, contra 22 por ciento de Morena y aliados. En las 15 entidades que están al sur, con 57 por ciento de la población, el voto se invierte: 27 por ciento para Morena y aliados, 21 por ciento para el Frente. El PRI no muestra gran diferencia en esas dos mitades: 15 por ciento al norte y 17 por ciento al sur. Para facilitar a quien guste replicar las cuentas, el corte lo hago con Colima, Guanajuato y Querétaro, y de ahí al norte. Hidalgo lo dejé en la parte sur. Yucatán está claramente al norte, pero los otros dos estados de la península quedaron en el sur.

La división geográfica no es la única importante en términos de las narraciones que pueden ser atractivas para los votantes, pero sirve como referencia. De hecho, también lo hemos platicado ya, todo indica que la política, en todo el mundo, debe hacerse con una orientación mucho más local, más dirigida a cada una de las islas que el mundo de las redes sociales ha permitido construir. Eso puede ser particularmente importante para el discurso de Anaya, puesto que si se habla de futuro, hay más margen para incorporar grupos que tradicionalmente no han tenido cobijo político. Pero para todos será importante. En un par de semanas podremos evaluar cómo arrancan.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.