Más de pensiones
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Más de pensiones

COMPARTIR

···
menu-trigger

Más de pensiones

07/02/2020
Actualización 07/02/2020 - 12:32

Revisamos ayer los dos primeros problemas del sistema de pensiones en México. Su dispersión e injusticia a favor de los empleados gubernamentales, y la falta de financiamiento, que hoy nos obliga a cubrir con impuestos todo el costo de las pensiones. Nos falta el tercer problema, y comentar acerca del detonador del tema, la decisión de la Corte.

Empiezo por lo segundo, topar las pensiones del IMSS a un máximo de 10 salarios mínimos (UMAs). Le decía que hay 700 mil personas que resultarían afectadas. En realidad, hay cerca de millón y medio de personas por encima de ese salario, pero estimo que la mitad son ya de la Ley 97, por lo que no les aplica la resolución de la Corte. Para más información, la mitad de esas personas tiene ingresos de más de 10 y menos de 15 mínimos, un tercio gana más de 20 mínimos, y el resto está en medio.

El director del IMSS, en la mañanera del martes, afirmó que el Instituto seguirá pagando las pensiones con un máximo de 25 salarios/UMAs, aunque la Corte le haya dado la razón en su petición. Esto significa que si el IMSS decide darle a usted una pensión inferior, cuando intente ampararse, perderá. No necesariamente lo harán hoy, pero pueden hacerlo en cualquier momento, con cualquier persona. La Corte les cubre la espalda.

Esta medida implicaría arruinar a un trabajador de alto salario. Suponga que usted gana 100 mil pesos al mes, que son 32 mínimos. Usted cotizó topado a 25, y si no se le aplica la jurisprudencia, podría tener una pensión calculada con 78 mil mensuales. Si, en cambio, se la aplican (literal), entonces su ingreso caería a 32 mil pesos. Su tasa de reemplazo sería de 32 por ciento.

Evidentemente se trata de salarios altos, que pocos ganan. Nada más el 8 por ciento de los trabajadores tiene salarios superiores a 10 mínimos. Pero que estas personas tengan un ingreso elevado no hace menos injusta la medida, me parece.

Una tragedia similar espera a quienes cotizan en el IMSS bajo la Ley 97, por una razón distinta. La transformación del sistema de pensiones a cuentas individuales, de contribuciones definidas, fue una gran idea en términos de finanzas públicas, porque le quita al Estado el peso inmenso del que hablábamos ayer. Pero, al instrumentar este sistema, conocido popularmente como las Afore, las aportaciones se calcularon demasiado bajas: 6.5 por ciento del salario. Con ese ahorro, es imposible obtener una jubilación decente.

Este problema podría resolverse rápido utilizando dos mecanismos. Primero, cerrando Infonavit y destinando desde ya el dinero al fondo individual de retiro; segundo, elevando paulatinamente la contribución hasta llegar a un razonable 15 por ciento. Mientras que con la contribución actual, el reemplazo sería parecido al caso afectado por la resolución de la Corte, 30 por ciento, con una contribución de 15 por ciento, estaríamos con reemplazos de 70 por ciento, nada mal.

Los problemas del sistema de pensiones son producto de décadas de uso político de instituciones que debían manejarse con criterios técnicos. El IMSS no guardó reservas porque desde su fundación lo obligaron a cobrar menos de lo debido; los trabajadores del Estado siempre recibieron más prestaciones que los privados, porque eran la fuerza de choque y de votos del partido en el poder (el PRI que tanto añora López Obrador, para que no haya duda). Y el arranque de las Afore en un momento complicado (justo después de la crisis de 1995), impidió establecer montos razonables. Esto último puede resolverse, pero urge.

Lo otro, la implícita injusticia del sistema anterior, no creo que pueda resolverse, y habrá que administrar su fin, que tardará 20 años en llegar a su máximo. La enseñanza, espero, es que el uso de estas instituciones para obtener votos y apoyo resulta en costos muy elevados, que todos pagamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.