Lo importante
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Lo importante

COMPARTIR

···
menu-trigger

Lo importante

29/05/2020
Actualización 29/05/2020 - 12:32

El día de ayer el Inegi publicó una nueva estimación de la confianza del consumidor, diseñada especialmente para estos momentos de confinamiento, porque no se le permiten encuestas domiciliarias. Esto ha provocado que no tengamos Encuesta de Ocupación y Empleo, que es la fuente principal de información acerca de esos temas, por ejemplo. Para el caso del consumidor, lo que hizo el instituto fue construir una medición telefónica que, como explican claramente, no es por completo comparable con las realizadas anteriormente.

Aun así, me parece que debemos utilizar el dato que se ha presentado, porque sabemos desde hace tiempo que la popularidad presidencial y la confianza del consumidor, es decir, del mexicano en su futuro, tienen una alta correlación. No son idénticas, ni hay causalidad alguna, pero sí son dos datos que suelen moverse de manera parecida.

Utilizando la información del Inegi viene desde abril de 2001, y las encuestas agrupadas en oraculus.mx, que son incluso previas, es posible confirmar que la relación entre estos indicadores es bastante cercana. En tiempos de Vicente Fox, por ejemplo, la popularidad presidencial medida en las encuestas rondaba 1.32 veces el dato de la confianza del consumidor, con una variación muy reducida. En el gobierno de Felipe Calderón hubo más variación, porque la Gran Recesión de 2008-2009 golpeó seriamente la confianza de los consumidores, pero no la popularidad del presidente. Ésta, en el promedio sexenal, fue 1.59 veces la confianza del consumidor, con una desviación del doble de la reportada en el sexenio de Fox. Si quitamos el periodo de la Gran Recesión, la popularidad de Calderón era 1.51 veces la confianza del consumidor, con desviación de 0.08 unidades.

Como cualquiera que medio conozca México habrá imaginado, el peor evaluado en este caso es Peña Nieto. Su popularidad es inferior a la confianza del consumidor en su sexenio: 0.94 veces, con una variación muy elevada, porque mantiene una tendencia a la baja en todo su gobierno. Esto cambia con López Obrador, que regresa al nivel de Felipe Calderón. Hasta el primer trimestre de 2020 (y desde el tercero de 2018) su promedio es 1.53 veces la confianza del consumidor, con una desviación importante: 0.15 unidades.

De todo esto, es interesante notar que aunque la popularidad de López Obrador es significativamente mayor que la de su antecesor, no lo es frente a lo que vivió Felipe Calderón en su mandato. Calderón inicia su gobierno con popularidad cercana a 70 por ciento, que logra mantener durante tres años, incluso a pesar de la crisis del precio del maíz, y ya bien entrada la Gran Recesión. López Obrador inicia con cifras mayores, 80 por ciento en el primer trimestre de 2019, pero pierde casi 20 puntos para el inicio de este año.

Además, aunque consideremos que el dato de la nueva encuesta de confianza del consumidor no es totalmente comparable con la serie previa, el dato de 32.2 que reporta el Inegi corresponde a una popularidad presidencial de cuarentas bajos. Es decir, en abril el presidente López Obrador habría tenido un apoyo de entre 42 y 45 por ciento de la población.

Como cualquier otra medición de la opinión pública, encuestas, índices de confianza o popularidad, estamos sujetos a error. Aunque El Financiero encontraba en abril una popularidad creciente del presidente, El Economista más bien lo veía estable, y Enkoll, disminuyendo. El índice de confianza del Inegi nos da un elemento más en la medición.

Pero el más importante, me parece, nos lo ofrece el mismo Presidente, que a pesar de que la crisis sanitaria no ceja, está dispuesto a salir de gira nuevamente. Si le urge salir, es porque sus 'otros datos' deben estarle indicando que no sólo se hunde la salud y economía de los mexicanos. También su popularidad, y eso sí le importa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.