Liberalismo científico
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Liberalismo científico

COMPARTIR

···

Liberalismo científico

05/09/2019

El discurso sobre el que construimos el mundo actual, triunfante durante 40 años, asume que todos los seres humanos somos iguales, en esencia, aunque podamos tener diferencias individuales. En esa narrativa, no hay grupo o cultura que pueda imaginarse superior a otras, y por lo mismo todas son objetos susceptibles de investigación. Este segundo elemento del discurso, la primacía del conocimiento científico, es inseparable del primero: podemos conocer la realidad, a través de un método que elimina paulatinamente nuestras fallas cognitivas.

La combinación de considerar a todos los seres humanos iguales y reconocer que podemos conocer la realidad, a pesar de nuestras limitaciones, no es algo que los seres humanos hayan aceptado fácilmente. De hecho, el rechazo ha sido permanente, y es sólo por periodos de tiempo que este discurso logra dominar, pero las conclusiones a las que obliga son difíciles de aceptar para las mayorías y por eso se derrumba cuando la forma de comunicación cambia.

Para los humanos es más natural excluir a otros, que se perciben como diferentes, y rendirse frente a explicaciones sobrenaturales. En esta lógica, no hay que asumir responsabilidad alguna, porque lo que ocurre viene de fuerzas externas, y el grupo ofrece apoyo y consuelo. El discurso de igualdad y conocimiento científico, en cambio, obliga a aceptar como valor fundamental la libertad, fuente de responsabilidad, pero también de angustia.

Para asumirnos realmente como iguales y para aceptar la posibilidad de conocer la realidad, se hace necesario eliminar lo sobrenatural, que en su versión más cristalizada es la religión. En cada ocasión en que el liberalismo científico (permítame llamar así al discurso de referencia) ha avanzado, lo ha hecho desplazando la idea de Dios. Locke, en una época en que eso no era sencillo, propuso sumarse al deísmo: Dios existe, pero fuera de la naturaleza, a la que creó, pero sobre la que ya no actúa. El Romanticismo reacciona elevando la naturaleza a nivel divino, y por eso, cuando se vuelve a impulsar el liberalismo científico, la idea es otra: el agnosticismo. Propuesta por T.H. Huxley, se trata de aceptar que Dios puede o no existir, eso es algo que no podemos decidir, pero que además es irrelevante. La respuesta fueron las religiones laicas, los Estados totalitarios del siglo XX: Nacionalismo, Fascismo, Comunismo.

El tercer intento del liberalismo científico, que no es otra cosa que el neoliberalismo, es de plano ateo. Tal vez el referente histórico será Dawkins, y su activismo ateísta, ya lo dirán en el futuro. En cualquier caso, ese discurso es lo que se vino abajo con el advenimiento de las redes sociales y la Gran Recesión. Desde entonces, perdimos tanto la idea de igualdad como el valor del conocimiento. No es una coincidencia que los líderes inescrupulosos busquen construir grupos (pueblo bueno) y al mismo tiempo destruyan cualquier referencia a la verdad. Tampoco es algo fortuito que quienes no pueden deshacerse de explicaciones sobrenaturales o de grupo sean quienes más apoyan a esos líderes. El papel de las iglesias evangélicas en el triunfo y defensa de Trump, López y Bolsonaro, es un ejemplo, pero también los grupos fundamentalistas organizados alrededor de cualquier elemento identitario (color de piel, nación, religión, género, preferencias) que respaldan líderes de ese tipo.

La reacción, para derrotar el discurso liberal científico, afirma que provoca desigualdad, y ofrece a cambio utopías igualitarias, confundiendo la igualdad esencial con la material, y abriendo el espacio, una vez más, a tragedias de gran magnitud. No sólo eso, también se insiste en lo artificial y artificioso de la ciencia, es decir, del conocimiento.

La reacción apela a las emociones, especialmente al miedo, y por eso triunfa por el momento.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.