La guerra de 5G
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La guerra de 5G

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La guerra de 5G

24/05/2019

Hablando del resto del mundo, me parece que lo más importante que ocurre hoy en el planeta es la guerra de 5G. Así se denomina la nueva tecnología de comunicación que debe entrar en funcionamiento el próximo año en China, Estados Unidos y parte de Europa, que multiplicará las capacidades de interconexión, haciendo viable el Internet de las cosas (IoT), así como múltiples aplicaciones de inteligencia artificial (AI), medios de comunicación (Enhanced Media, EM) y realidad virtual (VR).

Hay dos grandes competidores en esto: Estados Unidos y China. Ignoro si se pueda construir entre ambos un conjunto de protocolos que les permita competir en condiciones relativamente parejas, porque lo que hoy se ve es más un juego suma-cero, en el que cada uno de ellos compite por hacerse de regiones de cobertura con la exclusión del otro. El punto de ruptura, e inicio de la guerra actual, parece haber sido el convenio firmado por China e Italia, que implicó la invasión del territorio europeo, que imagino que los estadounidenses veían como suyo.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China, que ya llevaba un rato, tomó un nuevo vigor. Ese enfrentamiento no tiene sentido, como lo puede explicar cualquier economista. El déficit comercial no es producto del comercio, sino del desequilibrio entre ahorro e inversión al interior de un país. Más aún, el “privilegio exorbitante” que el dólar le da a Estados Unidos provoca que ese déficit comercial sea, en los hechos, una gran ganancia para ese país: compra mucho más barato de lo que podría producir.

El desajuste interno en Estados Unidos, que ha ocurrido como resultado de la incorporación de China al mercado mundial, pudo tener muchas otras salidas, empezando por la construcción de un verdadero Estado de Bienestar (de lo que Obamacare era un paso inicial). Intentar terminar con ese desequilibrio cerrando el comercio, producirá mucho más daño, pero es algo que Trump es incapaz de comprender (así como millones de sus votantes).

Al mezclarse ahora con una verdadera disputa por el futuro, como lo es 5G, entramos en un terreno realmente complicado. Trump identifica a Huawei como el enemigo y los acusa de espionaje industrial. No dudo que éste exista, porque es frecuente en empresas de esa magnitud, pero tampoco parece que las medidas que se han anunciado puedan resolver nada. Al contrario. De momento, estamos al borde de un desajuste muy serio en la cadena de valor del mercado global computacional y de telecomunicaciones.

Viene ahora la perspectiva más amplia: China modificó su estrategia en 2013, con el advenimiento de Xi Jinping. Ya no sería sólo un socio productor, sino un jugador de pleno derecho. El camino sería la nueva ruta de la seda (Belt and Road). Seis años después, las inversiones, contratos, desarrollos en toda Asia Central, el borde de Europa, el Índico, e incluso África, no son despreciables, en absoluto.

Insisto en algo que comentamos hace unas semanas: cuando Occidente puso en riesgo libertades y derechos, elevó el valor de China como opción frente al resto del mundo. El país asiático no ofrece nada parecido, pero sí tasas de crecimiento dos o tres veces mayores. Es, para todos, mucho más atractivo que el Estados Unidos gobernado por Trump.

Veía en esta semana que Xi anunciaba que China tiene enfrente tiempos difíciles y debe prepararse para ellos. Tiene razón, pero no sólo China. Serán tiempos difíciles para todo el mundo, que será testigo de una guerra por el futuro entre dos grandes potencias que, al mismo tiempo, intentan anclarse en el pasado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.