Ingresos e informalidad
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Ingresos e informalidad

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Ingresos e informalidad

15/02/2018
Actualización 14/02/2018 - 22:01

Decíamos ayer que no es fácil saber cuánto en realidad ganan los mexicanos. Buena parte del problema de medición tiene su origen en la informalidad, que hoy se define como aquellas personas que no tienen acceso a un sistema de seguridad social. Al no estar registrados en ese nivel mínimo de protección, menos lo están en otros, como podría ser el pago de impuestos, el resto de leyes laborales, y al final, en las estadísticas oficiales.

Con base en los datos del INEGI de informalidad para mediados de 2017, había poco más de 16 millones de empleados informales, por 19.5 millones de empleados formales. En otras actividades informales (autoempleo, empresa personal, empleo sin remuneración) había otros 13 millones de mexicanos. Hay también 1.7 millones de personas que están autoempleadas, pero de manera formal, y 1.5 millones que son empleadores formales. Es decir, 29.4 millones de mexicanos viven en la informalidad, por 22.7 millones formales.

Estas cifras son importantes porque ocurre en México un fenómeno que no se ve en otras partes del mundo. Cuando se estima el PIB, se identifica cuánto se pagó en remuneraciones, se descuentan impuestos indirectos y subsidios, y se resta la depreciación del capital (edificios, equipos, máquinas, etc.). Lo que queda se le llama “excedente de operación” y se asocia con las ganancias de las empresas. En el mundo civilizado, este último renglón va del 30 al 40% del PIB. En México, es de más de 66%.

Si, por ejemplo, nos comparamos con los países de la OCDE, apareceremos en un lejanísimo último lugar con la participación más baja de los trabajadores en el PIB, apenas del 30%, frente a niveles de 50 o hasta de 60% en países europeos. Pero en estas cuentas no aparece la informalidad por ningún lado, de forma que el excedente mencionado lleva a su interior todo el valor agregado de ese sector.

Afortunadamente, INEGI publica desde hace más de una década las Cuentas Nacionales por sector institucional, que permiten identificar (aunque sea de forma gruesa) lo que en realidad corresponde a cada grupo productivo. En 2016, el Valor Agregado Neto del país fue de 16.7 billones de pesos, y las Remuneraciones alcanzaron 5.3 billones. No llega a un tercio, de forma que el Excedente estaría en dos tercios. Pero en realidad ese excedente está formado por el excedente real, el comparable a otros países, que fue de 5.9 billones, y de otro ingreso, que INEGI llama “Ingreso Mixto Neto”, que alcanzó 4 billones de pesos. Este Ingreso Mixto no es valor agregado producido en empresas, sino en hogares, y va desde profesionistas que trabajan en su casa hasta las misceláneas de la esquina, microempresas de alimentos, etc.

Aunque la estimación no sea perfecta, con base en esta información que le he presentado, el ingreso promedio de una persona empleada en México fue de 159 mil pesos anuales en 2016, mientras que el de una persona autoempleada ascendió a 344 mil pesos. En ambos casos, es muy diferente el ingreso de informales y formales. Entre empleados, una persona en formalidad gana 1.5 veces lo que un informal. Entre trabajadores por cuenta propia es mucho más difícil estimar. Finalmente, los empleadores, formales e informales, tuvieron un ingreso promedio de 2.5 millones en 2016. Claro que acá va desde Slim hasta el dueño de un changarro, y el promedio no sirve de mucho.

Lo que me interesa hacer notar, igual que ayer, es la complejidad para medir adecuadamente empleos e ingresos de personas en una economía que tiene una informalidad inmensa. Por eso me parecía irrelevante el tema del salario mínimo, y en general el de las prestaciones asociadas al empleo. Nuestro problema no es ése. Nuestro problema es la informalidad, y es lo que tenemos que resolver.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.