Historia, mundo, trabajo
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Historia, mundo, trabajo

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Historia, mundo, trabajo

08/02/2018

Hace una semana, la asociación de estudiantes mexicanos en Harvard organizó una conferencia acerca de México. Inició con una exposición del secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, y cerró con la presentación de Alejandro Werner, alguna vez subsecretario de Hacienda en México, y hoy economista en jefe para el hemisferio occidental en el FMI. Además de ellos, participó el responsable comercial de México en Estados Unidos, hablando del TLCAN, y hubo una conferencia de Alejandro Solalinde, sacerdote católico muy involucrado en la defensa de los migrantes en México. Los demás participantes lo hicimos en paneles de dos o tres personas cada uno, hablando de temas como el soft power, la democracia, la justicia, la seguridad, la economía, la salud, el inicio de empresas.

Se trató de un evento muy interesante, en tanto que los participantes aportaron visiones contrastantes, pero muy centradas, acerca de lo que ocurre en México. Se celebraron avances, que ha habido en México, pero también se criticaron falencias. En cada mesa de discusión hubo puntos de gran interés que no siempre consideramos cuando analizamos la realidad del país. Por ejemplo, en el panel orientado al tema del soft power en el que participaron el maestro Francisco Alcaraz, de Tequila Patrón; la destacada pianista Daniela Liebman, y Paulina Suárez, de Ambulante, además de las historias personales, y el impacto mundial que han tenido para elevar el nombre de México, hubo un elemento en común que debemos considerar: la falta de un sistema en México que pueda aprovechar el talento. Alcaraz, maestro tequilero, fue parte de un proyecto iniciado y financiado por estadounidenses, que transformó el mercado global del tequila; Daniela, prodigio del piano, logró su éxito por la guía de su padre, también músico, sin poder incorporarse a un sistema que promueva el talento musical, que no existe en México.

Al hablar de democracia, José Woldenberg y María Marván describieron cuánto hemos avanzado, pero también cuánto nos hemos complicado la existencia con leyes cada vez más barrocas e incumplibles. Lo mismo se dijo en los paneles de justicia y seguridad, y algo similar comentamos en el tema económico. En salud, se recordó el gran papel en materia de salud pública que México tuvo alguna vez, pero también se hizo énfasis en las limitaciones actuales.

En todos los casos, me parece, se pueden concluir tres características de gran importancia. Primero, hemos construido esquemas legales sumamente complejos, que no facilitan la participación de la sociedad; segundo, no contamos con sistemas que coordinen el talento que indudablemente existe, de forma que si no se consigue un apoyo externo (familiar, empresarial, internacional) ese talento puede desperdiciarse. Finalmente, hay una escasez de recursos, que no es cosa menor. No podemos financiar adecuadamente el gasto en salud (el gobierno invierte 3.0 por ciento del PIB, más o menos la mitad del promedio latinoamericano), el asunto es peor en seguridad (1.4 por ciento del PIB, frente a 6.0 por ciento que invierten Colombia o Estados Unidos), y estamos en el nivel más bajo de inversión pública de la historia documentada (3.0 por ciento del PIB, sólo comparable a 1939).

Me parece que estas tres conclusiones son de la mayor importancia: leyes inadecuadas, inexistencia de coordinación sistemática, falta de recursos.

Los tres temas pueden resolverse, sin duda, pero hay que trabajar en ellos. En mi turno, me permití insistir en ello: hay que trabajar para resolver los problemas, no nada más hablar de ellos, pero también hay que entender que llegamos a ellos por un proceso histórico específico, y tenemos que enfrentarlos en un marco global determinado. Más claramente: la historia importa, el mundo importa, y los cambios exigen esfuerzo. Creo que fue un gran aprendizaje, y espero haberlo podido transmitir adecuadamente.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.