Hacia el sótano
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Hacia el sótano

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Hacia el sótano

10/07/2020
Actualización 10/07/2020 - 10:44

Esta semana la hemos dedicado a hablar de la economía nacional. Aunque utilizamos como referencia lo que ocurre en Estados Unidos, para empleo y actividad industrial, al final lo que nos interesa es tratar de imaginar el comportamiento de nuestra economía en los próximos meses.

El martes vimos que el PIB de Estados Unidos puede contraerse cerca de -12 por ciento en el segundo trimestre (comparando con el mismo periodo de 2019), mientras que México puede cerrar con -20 o -22 por ciento para esa misma comparación. El lunes comentamos que la respuesta del mercado laboral es mucho más rápida en Estados Unidos, porque sus leyes son menos restrictivas: tocaron fondo en abril, y han ido mejorando desde entonces, pero siguen muy por debajo del nivel previo a la pandemia. En México, en cambio, en el mercado formal el empleo ha caído incluso hasta junio, al menos. En el informal, desde mayo hay también ya una pequeña recuperación.

Usted conocerá hoy el dato de la producción industrial de México, en mayo. Es muy probable que sea similar a abril, o tal vez un poco peor. En producción de autos, en abril la caída era de 99 por ciento, y en mayo nada más de 94 por ciento. En petróleo, en cambio, mientras abril mostró un incremento de 2 por ciento en producción, en mayo hubo una contracción de la misma magnitud. Al final, mayo debe ser el punto de máxima contracción de la economía. Tiene razón el Presidente cuando dice que lo peor ocurrió en ese mes.

En junio, en cambio, la producción automotriz 'nada más' cayó -29 por ciento. En otro momento, una caída de esa magnitud habría sido espantosa, pero ahora es una clara señal de recuperación. Así de importante es el contexto. En unos días más, cuando conozcamos la balanza comercial de junio, también se reflejará en ella una menor caída en exportaciones de autos. También pasaremos de caer -90 por ciento a caer -30 por ciento, y es un gran alivio.

Sin embargo, viene ahora la parte más complicada. Como hemos dicho, México tiene una contracción de la economía prácticamente del doble de la que sufre Estados Unidos. En parte, debido a que aquí no se aplicó ningún programa de contención, a diferencia de lo que se hizo en prácticamente cualquier otro país occidental. Aquí se dejó pasar el golpe completo, debido a la necedad presidencial de 'austeridad', algo sin sentido alguno en las condiciones actuales. Era muchísimo más barato contratar deuda para defender empleos, que no hacer nada y esperar a que la deuda, solita, creciese. Pero eso ya pasó.

Ahora lo que buscan los gobiernos es construir programas de reactivación, ya no de contención. Acá parece que tampoco eso haremos. En buena medida, porque no hay con qué. Ya lo platicamos en los últimos dos días: el gobierno no tiene dinero, y Pemex es un barril sin fondo. Pero, en realidad, el problema es mental, como siempre. Si uno quiere creer que México es un país pobre, y lo trata como tal, pues al final acaba uno teniendo un país pobre. En dos años, eso ha logrado el nuevo gobierno: una gran devaluación del capital humano de la administración, la pérdida de confianza de inversionistas, una actitud de cuentachiles en las dependencias y un grave deterioro en la respuesta a la sociedad. Ya no se trata ahora de ver si conseguimos créditos para impulsar programas de reactivación, ya más bien es dar seguimiento al desgaste, y tratar de estimar la fecha de llegada al sótano.

Sí, mayo fue el peor momento de la crisis, con una contracción de más de 20 por ciento, pero la recuperación apunta a ser tan lenta, que el sótano está todavía en el futuro. Y tal vez eso sea una oportunidad interesante. Lo platicaremos la próxima semana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.