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Evidencia clara

28/05/2020
Actualización 28/05/2020 - 11:22

El martes, el número de contagiados de Covid-19 en México, según las cifras oficiales, casi alcanzó 75 mil, mientras que el número de defunciones superó 8 mil. Los días martes suelen registrarse eventos ocurridos durante el fin de semana, y por ello es el día que debemos esperar para evaluar la tendencia en ambos indicadores. Todo indica que no hay reducción en los casos nuevos, que promedian 3 mil por día, ni en las muertes, que superan trescientas cada 24 horas. La letalidad, comparando muertes con contagiados, es de prácticamente 11 por ciento.

A pesar de estos indicadores, seguimos siendo uno de los países que menos pruebas aplica. Como se sabe, el gobierno ha impedido en varias ocasiones la aplicación de pruebas al sector privado. Por eso, y por entrevistas al encargado, López Gatell, parece claro que es una decisión y no un problema de recursos. Esto es preocupante, considerando que la OMS ha insistido en que las pruebas son uno de los elementos más importantes en la estrategia contra la pandemia, y que muchos países están aplicando la reactivación económica alrededor de indicadores asociados a ellas.

Toda la evidencia muestra que este gobierno ha resultado un fracaso en este tema. Ni se aplana la curva, ni se aplican pruebas, ni se llevó a cabo una restricción de movimiento en serio. Este último punto es comprensible. En muchos países latinoamericanos, el confinamiento ha fallado porque una proporción muy grande de la población no puede quedarse en su casa. Ni tiene condiciones razonables en su vivienda, ni tiene ingresos que le permitan hacerlo. Eso probablemente explica por qué Brasil, México y Perú no han tenido punto de inflexión en contagios, después de dos meses de supuesta cuarentena. Simplemente, ésta no existió.

Es por esa razón que esta columna sugirió, desde marzo, que se creara un plan para dotar de recursos a quienes viven en la economía informal. Incluso proponíamos pensar en un salario mínimo por hogar (con un costo de 150 mil millones de pesos por tres meses), que podría entregarse a cambio del compromiso de quedarse en casa. Puesto que la economía informal no la tenemos registrada formalmente en ningún lado, la repartición de recursos podría haberse hecho a través de los padrones de ambulantes e informales que tienen las alcaldías, y que normalmente utilizan para extorsionar (cobrar derechos, dicen). Indudablemente, habría sido un programa imperfecto, pero ni siquiera se intentó.

A pesar del gran fracaso, que nos llevará al cierre del mes (este domingo) a cerca de 90 mil contagiados y 10 mil muertes, el Presidente anuncia que saldrá nuevamente de giras a partir del martes. Es una irresponsabilidad criminal, me parece. No sólo se pone en riesgo él y a sus colaboradores y se convierte en un instrumento de contagio a la población. También muestra, con su ejemplo, que hay que hacer caso omiso del confinamiento. Así, a los errores cometidos desde el inicio, por no querer hacer pruebas, recomendar cubrebocas y preparar hospitales y personal de salud, se suma un comportamiento irresponsable de la figura política más relevante del país. Es criminal, insisto.

Finalmente, la pandemia ha puesto en evidencia la vulnerabilidad del gobierno. No sólo no tenían material sanitario, ni preparación alguna. Tampoco pueden tener información medianamente útil. Como hemos dicho, no hacen pruebas suficientes, pero tampoco registran correctamente las defunciones. Como lo muestran Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel en Nexos (Taller de Datos, 25 de mayo), las muertes en exceso en la Ciudad de México son cuatro veces mayores de lo que se registra como decesos por Covid. Esa información, que muchos países publican diariamente, aquí tuvo que extraerse de los Registros Civiles a través de herramientas informáticas, porque es una información que nosotros publicamos con más de un año de retraso.

Estábamos mal, y con este gobierno irresponsable, estaremos peor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.