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10/03/2020

Los dos temas que definieron la elección de 2018 no han sido enfrentados seriamente por López Obrador, y la población se ha cansado de esperar. La lucha contra la corrupción no es más que un discurso centrado en la aparente austeridad personal del Presidente, y la violencia sigue creciendo. Han sido las mujeres las que han perdido la paciencia y lo han hecho saber con claridad.

Pero si López Obrador no ha intentado siquiera resolver esos problemas, a cambio ha generado otros que no existían, destacadamente la crisis del sector salud y el estancamiento de la economía. El primero es criminal, como en otra ocasión lo calificamos, porque la desaparición del Seguro Popular, sustituido por algo sin pies ni cabeza, sin presupuesto ni protocolos, además del desabasto de medicinas y material médico, producto de la incompetencia y soberbia del equipo presidencial, no puede describirse de otra manera.

Hoy tenemos una nueva enfermedad, que si bien no podía preverse con seguridad, era de esperarse. No pasa una década sin brotes que amenazan epidemias, o incluso pandemias. Hace 17 años, el SARS; hace 11, el AH1N1, precisamente en México; ahora es el Covid-19. Nos toma en una situación especialmente complicada, debido al desmantelamiento del sistema de salud. Y eso es responsabilidad del gobierno actual. Criminal, insisto.

En materia económica, el gobierno actuó de manera similar. La cancelación del aeropuerto y la reversión de la reforma energética han dado como resultado una caída muy seria de la inversión y la dependencia innecesaria del gobierno del comportamiento del petróleo. Tampoco se podía prever la fecha exacta de una recesión mundial, pero era esperable: también ocurre al menos una vez cada década. La expansión estadounidense, ampliada artificialmente por Trump con reducciones de impuestos, podía llegar a su fin en cualquier momento. Que lo haya detonado el coronavirus es irrelevante.

Lo mismo puede decirse del mercado petrolero. Todas las estimaciones de largo plazo apuntan al fin de la era del petróleo como combustible en diez años. La probabilidad de que hubiese guerra comercial entre productores crecería conforme ese final fuese más cercano. Otra vez, el detonador no tiene importancia.

La Agencia Internacional de Energía ha anunciado que espera que la demanda de crudo este año sea menor, en un millón de barriles diarios, al promedio de 2019. Arabia Saudita ha inundado el mercado, en parte disputando a Rusia, en parte al fracking estadounidense. Son los tres mayores productores del mundo, y representan más del 40% de la producción de crudo. Entre la caída de demanda y el exceso de oferta, el precio será mucho menor por un buen rato. No dudo que Arabia esté pensando en hundir al régimen Iraní, al que también le ha pegado duro el coronavirus, pero habrá además otros damnificados. Nosotros, por ejemplo.

No podemos saber cuál será el precio del crudo en los próximos meses. Un rango de 25 a 35 dólares para el WTI es muy probable, especialmente en la parte baja. Eso implica que la mezcla mexicana estará en los 20 a 25 dólares por barril. Aunque se supone que Hacienda compró coberturas, no sabemos cuántos barriles cubrieron, ni de qué forma. Habrá problemas con las cuentas públicas, no lo dude.

Con el nivel de incertidumbre actual en los mercados financieros, y la certeza de que Pemex está quebrado, el riesgo de una reducción en la calificación del soberano es muy elevado. Antes de que ocurra, ya el peso se ha ubicado en 21 por dólar, que es desde donde tendrá que aguantar el golpe.

Sin resolver lo que querían sus votantes, provocando problemas donde no había, el gobierno ha colocado a México en una situación de vulnerabilidad muy seria. Sin margen de maniobra.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.