Energía, ya estuvo
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Energía, ya estuvo

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Energía, ya estuvo

13/02/2019
Actualización 13/02/2019 - 14:13

El día de ayer apareció un estudio de McKinsey Global Institute acerca del futuro de la energía. Se concentra en cinco puntos principales: 1) La demanda global de energía dejará de crecer en 2035; 2) el consumo de energía se duplicará hacia el 2050, y los renovables producirán la mitad del fluido para 2035; 3) el gas será el único hidrocarburo que crezca en la demanda, hasta 2035; 4) la demanda de petróleo se reducirá sustancialmente a partir de 2030; 5) las emisiones de carbón se reducirán por todo lo anterior.

Tal vez si McKinsey hubiera agilizado la publicación un par de días, nos habríamos ahorrado los absurdos que ha planteado el gobierno mexicano. En los hechos, ha detenido ya la reforma energética, que si bien en petróleo no era determinante, cambió por completo los mercados de gas y electricidad, para bien. Para la actual administración, el punto de partida es el control gubernamental de la energía, y no el abasto confiable y a precio accesible de la misma. Si bien esa idea era mala en el siglo XX, es mucho peor en el momento actual.

El responsable de CFE, Manuel Bartlett, lleva 25 años refunfuñando porque se permitió la producción privada de electricidad al amparo del TLCAN. Desde siempre ha considerado eso como una especie de traición a la patria, que en su visión del mundo debe ser dueña absoluta de la energía. Tal vez se siente una especie de reencarnación de Luis XIV, francófilo como es, y seguramente buscará en las empresas energéticas francesas excusa para concentrar la producción también aquí.

Los monopolios tienen el problema de que su decisión óptima de producción es abastecer al mercado menos de lo que éste podría demandar, para con ello obtener la máxima ganancia posible. Los promotores de las empresas de gobierno afirman que un monopolio gubernamental es diferente, porque tiene como objetivo el bienestar de la población, pero eso está difícil de probar en la realidad. Lo que hemos visto con monopolios estatales es producción inferior, desidia y corrupción. Y no me refiero a México, sino a cualquier país del mundo. Lo normal es que el monopolio del gobierno acabe costando más y produciendo menos.

Eso nos pasó a nosotros con Pemex, CFE y la extinta Luz y Fuerza. En las tres lo que tuvimos fue un crecimiento excesivo de personal, pensiones elevadísimas y fallas de abasto. Pemex ya está en quiebra, como le he dicho, y Luz y Fuerza por eso cerró (y todavía hubo que pagar). La única empresa que logró modernizarse, más o menos, fue CFE, pero aun así con costos muy elevados en comparación con nuestros socios comerciales.

En el proceso de hacer eficiente la empresa y de cumplir compromisos ambientales de México, el camino ha sido utilizar gas natural y renovables (sol, viento). México logró las mejores licitaciones del mundo en los últimos dos años en energía renovable, y se ha invertido en la construcción de gasoductos que son indispensables para que podamos crecer. No sólo por demanda eléctrica, sino también directamente de gas.

Bueno, pues todo eso se quiere cargar el nuevo gobierno, con la excusa que usa para todo: que había corrupción. Con esa misma excusa, desde la gran tribuna que es la Presidencia, se acusó sin pruebas a un grupo de personas. Yo creo que ya estuvo bueno de soportarle al presidente que no entienda que no está en campaña. Si quiere proponer políticas públicas, que lo haga con argumentos. Hasta el momento, lo que ha hecho es acusar, insultar, humillar y, al mismo tiempo, destruir: el aeropuerto, la gasolina y ahora la electricidad. Ya estuvo bueno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.