Energía en problemas
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Energía en problemas

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Energía en problemas

05/11/2019
Actualización 05/11/2019 - 12:28

Prácticamente todo mundo se enteró de la cancelación de la construcción del NAIM. Para muchos, eso no significa nada, porque no lo usan con frecuencia, y creen que la decisión no tendrá efecto en su vida diaria. Para otros, defensores permanentes del nuevo gobierno, incluso se trató de una gran decisión, aunque no saben explicar por qué. El efecto negativo de la decisión en el comportamiento de la economía, sin embargo, ha ido convenciendo a una parte de esos grupos de que fue un error muy importante.

Esa decisión, muy publicitada, sobre una gran obra, no ha sido fácil de comprender para la mayoría, incluso a un año de haber ocurrido. Imagine usted entonces la dificultad de exponer a esa misma sociedad la catástrofe que está ocurriendo en energía, un tema más complejo, menos conocido, y en el que las decisiones y acciones van ocurriendo de a poco.

Lo primero que debemos entender es que hay un riesgo importante en el abasto de energía en México. Lo ha habido en materia eléctrica desde fines del siglo pasado, y en hidrocarburos desde 2004, cuando Cantarell entró en declive final. Por un rato, el crudo exportado pagaba el consumo de petrolíferos, pero hace cinco años que ya ni eso. Para enfrentar el problema de abasto, a fines de los noventa se decidió abrir el mercado eléctrico a proveedores privados, y en 2013 proceder a abrir en serio todo el sector, aunque bajo un calendario que daba margen a CFE y Pemex para no hundirse.

Buena parte de los seguidores de López Obrador, sus colaboradores y él mismo, son creyentes en la doctrina priista de que la energía debe ser controlada por el Estado. Por esa razón, y ninguna otra, desde que ganaron han intentado revertir la reforma energética. En ese proceso, les ha importado muy poco la ley y los compromisos del gobierno mexicano. Tampoco entienden el problema de abasto. Lo mismo que en el caso del aeropuerto, nada los detiene.

El costo de las decisiones que se han tomado en el sector puede ser realmente elevado. Ya causaron desabasto de combustible en el mes que tomaron posesión; pospusieron (sine die) las subastas de renovables; suspendieron los farmouts de Pemex; removieron y sustituyeron a los consejeros de la CRE y la CNH, convirtiendo ambos organismos en oficialía de partes, en el mejor de los casos; frenaron por meses la entrega de gasoductos, ya terminados, y sólo después de mucha presión empresarial e internacional, acabaron aceptándolos, y pagando cerca de mil millones de dólares adicionales en compensación. Ahora, la CRE decidió que modifica la reglamentación sobre la cual funcionaban los Certificados de Energía Limpia (esos CELs que dieron lugar a un evento chusco en la selección de nuevos consejeros de la CRE). Estos certificados son una especie de 'impuesto (negativo) al carbón'. A las empresas energéticas que producen electricidad con renovables (esencialmente sol y viento), se les otorgan CELs, que pueden vender para que las empresas clientes compensen sus emisiones. Sólo se entregarían CELs a empresas que iniciaron producción a partir de agosto de 2014. Bueno, ahora CFE puede tener CELs para su producción eléctrica, sin importar cuándo inició ésta. De golpe, se multiplica por tres el número de CELs, reduciendo de forma importante su valor, es decir, provocando un daño patrimonial a las empresas de energía renovable que han invertido en los últimos cinco años. Estas empresas están decidiendo si nada más se amparan, o apelan a arbitraje internacional. No dudo que acabemos como con los gasoductos, pagando cientos de millones de dólares y revirtiendo la medida.

No me alcanza el espacio para describir por completo la situación energética. Tendré que seguir mañana.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.