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El mito de las exportaciones

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El mito de las exportaciones

01/12/2020
Actualización 01/12/2020 - 11:33

Ayer comentamos que tener un gran saldo a favor en el comercio exterior no es una buena noticia. Existen cuatro actores en la economía: hogares, empresas, gobierno y sector externo. Si este último tiene un superávit, entonces los otros tres tienen un déficit. Sin embargo, para muchas personas esto no resulta lógico, porque existe la idea de que exportar es lo que ha permitido a ciertos países ser muy exitosos: Alemania, Japón, Corea y ahora China.

En realidad, los países mencionados no se hicieron ricos y exitosos por exportar mucho, sino por invertir mucho. Si usted quiere invertir, necesita tener dinero ahorrado, o si lo pongo en términos de los cuatro actores, para que las empresas inviertan, es necesario que los hogares dejen de consumir. Lo que ellos no consumen, que es ahorro, se convierte en inversión. Pero cuando la inversión rinde frutos, y la producción crece, tiene uno el problema de que los hogares no tienen con qué comprar, porque dejaron de consumir. Por eso esos países exportan: no porque ésa sea la palanca de desarrollo, sino porque es un resultado no deseado de la verdadera fuente del crecimiento: la inversión.

Alemania y Japón fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial, que ellos mismos causaron. Por esa razón no fue tan difícil que sus gobiernos los convencieran de que era necesario un sacrificio generacional para recuperar al país. Por décadas, alemanes y japoneses trabajaron ganando poco y comiendo poco. Todo lo ahorrado se convirtió en inversión, y lo que se produjo se tuvo que vender fuera, porque ni alemanes ni japoneses tenían dinero. Veinticinco años después, eran ricos y exitosos, y empezaron a consumir, con lo que su tasa de crecimiento se colocó en un nivel mucho más reducido, 1 o 2 por ciento en el caso de Alemania, cero en el caso de Japón.

En Corea se aplicó el mismo método, aprovechando la amenaza constante de Corea del Norte, pero también haciendo uso del poder del régimen autoritario que existió ahí hasta hace muy poco. En China, el tamaño de la extracción que hace el régimen de los recursos de la población es inmenso. Mientras que en México el consumo equivale a 70 por ciento del PIB, en China es de 35 por ciento. La diferencia se traslada al Estado, que lo gasta en inversión mediante empresas del gobierno. Como no pueden consumir mucho en China, hay que sacar la producción, y por eso se exporta.

En todos los casos, estos países favorecen la exportación como pueden. Hasta 1971, cuando había tipos de cambio fijos, Alemania y Japón mantenían subvaluada su moneda para exportar más. Después de eso, se utilizó con frecuencia el dumping (vender en el exterior por debajo del precio del mercado nacional). Hoy mismo, China aprovecha que no tiene economía de mercado para hacer algo similar, y es muy difícil probarle que lo hace.

Así pues, todos estos países aguantaron una mala cosa, el superávit comercial, porque era el resultado obligado de una buena cosa: una inversión extraordinaria. La inversión amplía el tamaño futuro de la economía, algo que no hace el consumo, el gasto del gobierno o el saldo en cuenta corriente. Para lograrlo, es necesario que la población esté dispuesta a no comer, o que se le pueda obligar a ello. No estoy recomendando esta estrategia, sólo describo cómo funciona.

Lo que está pasando en México hoy no tiene nada que ver: no tenemos crecimiento en la inversión, sino al contrario. Porque lo que hoy ocurre no es resultado de una estrategia, sino exactamente de lo contrario: de no tener idea de cómo funciona la economía, el resto del mundo, la tecnología. Los mexicanos están siendo sacrificados en el altar de la ocurrencia y el resentimiento, nada más.

Lo que hoy ocurre no es resultado de una estrategia, sino de lo contrario: de no tener idea.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.