Fuera de la Caja

El impacto de los padres

El incremento del individualismo promovido por la Iglesia católica propició que las personas empezaran a preocuparse más por lo que pensaban que por lo que hacían.

Empezamos a comentar ayer el gran libro que acaba de publicar Joseph Henrich, The WEIRDest people in the World. Nos quedamos en el conjunto de medidas que impulsó la Iglesia católica en sus primeros siglos, y que Henrich llama el "programa de familia y matrimonio". A diferencia de todas las sociedades humanas previas y contemporáneas, la Iglesia decidió prohibir la poligamia, el matrimonio entre familiares, los matrimonios arreglados y la adopción, y fomentar que los recién casados se fueran a vivir a su propia casa, lo que implicó la existencia de propiedad individual, y modificó las herencias.

Henrich cree que esto lo promovió la Iglesia para diferenciarse de otras religiones que competían por el mismo mercado en los siglos V a VII, que es la época de los Padres de la Iglesia. Creo que su argumento sería más poderoso si además incluyese que la Iglesia destruía con estas medidas a su principal enemigo, que era la estructura tradicional del Imperio. Las prohibiciones y promociones rompieron los clanes romanos, concentrando el poder persuasivo de la sociedad en los obispos, uno de los cuales eventualmente se quedó con el control final: el Papa.

En la figura final de su libro, este impacto al que me refiero queda muy claro, bajo el título de 'Consecuencias sociales' de las medidas. Me parece que esas consecuencias eran las esperadas por los Padres de la Iglesia, pero lo que no podían imaginar, y es la aportación de Henrich, es que hubo además "consecuencias sicológicas": un incremento en el individualismo y el enfoque en uno mismo; pensamiento analítico; pérdida de vergüenza reemplazada por culpabilidad; reducción de la conformidad social pero incremento de la moralidad intencional; reducción de la impaciencia, del pensamiento suma-cero y de la búsqueda de estatus.

Permítame un poco más de explicación de estos procesos. La clave de ellos es la invención del libre albedrío, que es el punto sobre el cual puede construirse la idea de pecado. Si usted no tiene capacidad de decidir, no se le puede culpar de lo que hace, de forma que San Agustín fue muy claro en su promoción del libre albedrío. Sin eso, no hay pecado, y por lo tanto no hay redención, que es el producto estrella de la Iglesia. Y sobre esa piedra se construyó.

Pero eso provoca una transformación muy interesante: las personas empiezan a preocuparse más por lo que piensan que por lo que hacen. Para los WEIRD, lo que importa es la intención, más que los resultados. Eso es lo que nos hace tan difícil de entender las tragedias griegas, en las que los asesinos son castigados aunque nunca hubiesen querido matar a nadie. Su intención no cuenta, sino sus actos. Para nosotros es al revés. Por eso la culpabilidad (evaluación individual) crece, mientras la vergüenza (evaluación social) se reduce.

Si la intención es lo relevante, entonces juzgamos a los demás bajo ese mismo lente, y creamos principios generales sobre los cuales guiarnos. Ése es un proceso analítico, que exige identificar actores e intenciones y olvidar el contexto.

Una vez que nos hemos convertido en individuos, que buscamos maximizar nuestro bienestar, que queremos participar en la vida pública, que somos capaces de confiar en extraños, la aparición de la economía de mercado y la democracia no resultan nada extraños. Pero estas instituciones no funcionan igual de bien en lugares en los que la sicología no es WEIRD, en donde la estructura social depende de las familias, el respeto a los mayores y la defensa del propio grupo.

Tal vez ya lo imaginó, pero el caudillismo, la corrupción, el nepotismo, pueden entenderse mucho mejor a la luz de este libro. Léalo pronto.

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