Futuro energético
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Futuro energético

14/02/2019
Actualización 14/02/2019 - 9:46

Ayer le comentaba del estudio de McKinsey acerca de la energía, pero no dio tiempo de hablar más del documento. Permítame hoy ofrecerle algunos datos adicionales, que creo que pueden ser interesantes.

McKinsey estima que el punto máximo de consumo de petróleo para el transporte ocurrirá en 2025, es decir, dentro de seis años. A partir de entonces vendrá la caída, que no será tan brusca porque la industria química mantendrá parte de la demanda de petróleo. Sin embargo, el gran consumidor, que ha sido el transporte, se moverá al consumo de electricidad, y por lo mismo cambiará no sólo el mercado de gasolina, sino todo lo relacionado con autos y camiones.

La demanda total de crudo alcanzará su máximo, dice McKinsey, en 2033, ocho años después, para entonces decrecer a un ritmo de cerca de 1% anual. En millones de barriles diarios, hoy rondamos los cien, el máximo de 2025 será de 105 mbd, y el de 2033 de 108. Para 2050 estaríamos de regreso en los 100 de hoy.

El gas natural, en cambio, mantendrá su crecimiento hasta 2035, y se estima que se mantenga estable a partir de entonces. Hoy la producción ronda 3.5 billones (nuestros) de pies cúbicos, y el techo será ligeramente inferior a los 4.5.

Buena parte del crecimiento del consumo de gas tiene que ver con producción de electricidad, en donde el gas ha ido expulsando al carbón (afortunadamente para el ambiente) gracias a un menor costo de producción, resultado del fracking. La producción de electricidad, que hoy está en 25 terawatts-hora, crecerá en un 20 por ciento cada quinquenio, al menos hasta 2050. Ese crecimiento está sostenido en el gas, que se seguirá comiendo al carbón, pero sobre todo en renovables.

Por todo lo anterior, los avances de la reforma energética en México eran una excelente noticia: un mercado eléctrico competido, con un sistema de administración independiente, y con amplio espacio para renovables; una red de cobertura de gas nueva, con la posibilidad de sumar campos de fracking; una menor dependencia del petróleo crudo y la refinación, dejando parte de ese mercado a la iniciativa privada, pagando derechos más elevados que lo que Pemex pagaba.

Hoy, sin embargo, lo que tenemos es un mercado eléctrico que busca concentrarse, en el que no queda clara la independencia ni del administrador ni de los reguladores (de todas las áreas de energía); se ha dicho que no habrá fracking; se discuten los ductos, se cancelan licitaciones o incluso obras; se quiere una refinería adicional, que con mucha suerte entrará en funcionamiento justo en 2025, cuando inicie la caída de la demanda. Y de la producción de petróleo, si no lo logran empresas privadas, puede usted irse olvidando.

No he visto ningún comunicado o reporte de empresas nacionales o extranjeras celebrando alguna de las medidas tomadas por el actual gobierno. Sí, varias que indican preocupación. Y la verdad, no se requiere ser un experto en el tema para ver el tamaño de la incompetencia. Bastan las conferencias mañaneras para confirmar que ninguno de los nombrados entiende su mercado, pero todos están prestos a repetir las mentiras del presidente: corrupción por aquí, corrupción por allá, soberanía a cambio.

Eso resulta muy atractivo para los seguidores de AMLO, que lo siguen idolatrando, pero no convence a inversionistas ni produce un gramo de algo. Las palabras, que desde la oposición pueden ser inocuas, desde el poder sí tienen costos. Veía un reporte de Bank of America en el que el porcentaje de inversionistas que cree que perderemos el grado de inversión en los próximos tres años, pasó de 26 por ciento a 67 por ciento en el último mes. Nos va a costar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.